miércoles, 11 de marzo de 2009

Santo despelote

Este es mi escritorio. Así trabajo, en estas condiciones, cada vez que estoy sentado a la PC. Muchas cosas las trabajo en otros espacios leyendo, subrayando, anotando cosas, pero el centro de operaciones vuelve a ser este rinconcito en el que vuelco las notas que tomé, las enseñanzas que busqué o donde vuelvo para plantearme las nuevas dudas que la lectura anterior me dejó.

Pero, sea dicho de una vez, este lugar es un desastre. Parece Kosovo.

Y, entonces, ¿por qué no lo ordenás?

En parte es porque uno siempre anda corriendo y te ponés a hacer otras cosas. En parte, por falta de disciplina personal, lo admito. Pero, principalmente, porque en este desorden todo funciona bien. En este despiole encuentro exactamente cada cosa que busco, sé donde está, y soy capaz de reconocer que alguien estuvo y cambió un papel de lugar. [-¿Un papel?, no exageres. -Un papel, no exagero.]

No es esto una apología del desorden. A lo que apunto es que el desastre de mi escritorio escandalizaría a muchos que no podrían trabajar en estas condiciones. Sin embargo yo puedo. Y cuando ordeno todo, me dura un par de semanas porque muy rápidamente vuelve todo a quedar en estas condiciones.

Vendrán, entonces, los abanderados de la pulcritud, a cuestionar mi falta de orden, higiene y constancia.

Sea.

Pero nadie cambia su manera de trabajar, que la fue conformando a través de años, en la que se mueve con absoluta comodidad, la que le facilita la rapidez y funcionalidad del trabajo, a menos que obtenga una propuesta superadora en cualquiera de estos aspectos que uno pondera en su propia rutina.

***

Después de unos cuantos años ya, intentando caminar más o menos cerca de la propuesta de Jesucristo, encuentro en las iglesias evangélicas (colectivo del que formo parte), entre otras, una careta bastante repetida, que quisiera comentar y que afecta nuestra capacidad de influír en vidas e instituciones. Creo, desde hace varios años, que las iglesias evangélicas [al menos aquí, en Argentina] gozamos de un potencial único para promover cambios y afectar la vida de las comunidades en las que estamos. Pero uno de los mayores inconvenientes que encontramos es que no somos cristianos en el mundo. El que se convierte en evangélico es llamado a abandonar su vida. Para ser aceptado por la iglesia deberá adoptar una serie de costumbres que, necesariamente, lo apartarán de su rutina de vida anterior (probablemente muuuuyyyyy pecaminosa). Pero como los evangélicos “estamos en el mundo, pero no somos del mundo”, hemos desarrollado una mentalidad esquizofrénica para manejarnos en la realidad. Esto es, compramos en el mismo almacén que los “no-creyentes” (¡brrrrrr! ¡qué rótulo más escalofriante!), entonces, cuando hablamos de las cosas que todo el mundo habla somos un ciudadano común, uno más, con los mismos dolores y ansiedades que cualquier hijo de vecino. Sólo cuando surge el tema de la religión, o de la fe, volvemos a ser evangélicos (aunque suponemos que eso es ser cristianos). La otra conducta aceptada es la de ser evangélicos todo el tiempo, o sea, con cara de santulones y respondiendo con frasesitas precocidas, espirituales, y desubicadas, a cada tema que surge en conversaciones y discusiones circunstanciales. La alternativa que falta, todavía, considerar es la de ser cristianos en el mundo. Vivir los mismos problemas que los vecinos comentan en el almacén y hacerlo como cristianos. Sufrir por la inseguridad, la inestabilidad económica, social y emocional de nuestros días, y compartir cómo nuestra fe nos ayuda a encarar esas cuestiones. No cómo nuestra fe supera todos obstáculos del mundo (y nos vendemos como superman), o nos aliena de la realidad (y nos vendemos como San Francisco de Asís), sino de qué maneras vamos caminando, intentando, avanzando y retrocediendo, chocando y aprendiendo, lastimándonos y dejándonos curar, y conociendo así el Camino a transitar, que es también la Verdad a adoptar, que es también la Vida.

***

Cuando compartamos los problemas de nuestra comunidad con la misma preocupación y pesar que todos lo hacen, y los afrontemos desde un compromiso cristiano, seremos relevantes.

La vida de cada persona es un escritorio despiolado. Algunos despelotados, como el mío, otros más ordenados y hasta pulcros, pero en el que sólo el dueño conoce las posiciones, las cosas que hay en él, las que le están faltando, las que sirven y las que ya no funcionan. Y nadie va a aceptar nuestra propuesta de cambiar el orden de trabajo de ese escritorio a menos que presentemos una oferta relevante para ese escritorio. Y si nuestra propuesta no es relevante para ese despiole concreto, si no tiene relación directa con esa vida, pues entonces, mejor dejar nuestra oferta guardada en un cajón, hasta que encontremos que es pertinente a esa realidad también. Creemos que Jesucristo es el Señor y eso implica que es bueno para las personas reconocer tal señorío y aceptar su invitación a una vida abundante. Pero nuestra responsabilidad no se puede limitar a un enunciado frío y estereotipado. Debe ser el de vivir la realidad cotidiana, lidiar con los mismos problemas y con la misma intensidad que lo hacen mis vecinos, desnudar nuestros escritorios y mostrar a un Señor que viene a traer paz (en el sentido amplio, bíblico: shalom) en las vidas.

Pero solemos mostrar a un Dios religioso, a un Jesús pusilánime, o a un Espíritu Santo alienante (con su apetecible sesgo alucinógeno).

¿Seremos capaces de semejante herejía? ¿Seremos capaces de mostrar a los demás que también nuestros escritorios tienen de todo y en cualquier lugar? ¿Seremos capaces de admitir que nuestra fe no solucionó todos nuestros desórdenes y que las más de las veces nuestra serenidad y sabiduría no es más que una fachada hipócrita? ¿Seremos capaces de aceptar que el dolor nos duele, que el miedo nos asusta, y que está bien que sea así? Seguimos creyendo que para que nuestra fe sea relevante tiene que solucionarnos los problemas, tiene que hacernos superar toda adversidad.

Tal vez nos falte aprender, todavía, a ser cristianos en el mundo. A no evadirnos ni autopromovernos su salvador. A ser iglesia: una comunidad que en medio del despiole que es la vida (¡hay que ver lo que es la oficina en la que está mi escritorio!) procura buscar la justicia del Reino de Dios y señala a Aquel que dijo ser el Camino, la Verdad y la Vida.

9 comentarios:

  1. Foarte interesat subiectul postat de tine, m-am uitat pe blogul tau si imi place ce am vazu am sa mai revin cu siguranta.
    O zi buna!

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  2. Cioara Andrei: gracias por tu comentario. yo acabo de entrar a tu blog, pero no entendí nada, como es lógico. Igualmente seguí leyendo y comentando. Gracias.

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  3. "Sufrir por la inseguridad, la inestabilidad económica, social y emocional de nuestros días, y compartir cómo nuestra fe nos ayuda a encarar esas cuestiones. No cómo nuestra fe supera todos obstáculos del mundo (y nos vendemos como superman), o nos aliena de la realidad (y nos vendemos como San Francisco de Asís), sino de qué maneras vamos caminando, intentando, avanzando y retrocediendo, chocando y aprendiendo, lastimándonos y dejándonos curar, y conociendo así el Camino a transitar Sufrir por la inseguridad, la inestabilidad económica, social y emocional de nuestros días, y compartir cómo nuestra fe nos ayuda a encarar esas cuestiones. (...) de qué maneras vamos caminando, intentando, avanzando y retrocediendo, chocando y aprendiendo, lastimándonos y dejándonos curar, y conociendo así el Camino a transitar"

    Clarísimo. sin ningún despelote.
    En cuanto al desorden del escritorio, es verdad, cuando pasa Ordeneitor, después no encontrás nada, perdés tiempo buscando justo ese papel que necesitabas, y te saca del clima que tenías antes de empezar a trabajar. El despelote room es necesario, se hace solo además.

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  4. gracias, Gabriela. a propósito ¿qué pasó con Monja Lecter? ¿Se habrá vuelto vegetariana? Hace rato que no tenemos novedades por allí, aunque igual, afrotunadamente, estás muy prolífica en otros espacios.

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  5. Largo el post!! coicido con lo que decís, en especial me quedo con la frase:

    "Pero solemos mostrar a un Dios religioso, a un Jesús pusilánime, o a un Espíritu Santo alienante (con su apetecible sesgo alucinógeno)".

    me ha pasado en mi vida diaria, darme cuenta que presento eso a mis compañeros. ¡¡Pero porque presento lo que a mi me han presentado!!...

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  6. odiseo: sí, el tema es qué hacemos entonces? ¿no? porque modificar semejante estructura parece tarea ciclópea, y empezar por cambiar uno mismo está bien, pero suena más a voluntarista que a realmente efectivo. Pero es algo. ¿que hacemos entonces? ¡dale! ¿te animás?

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  7. Pero si la monja lecter acaba de comer.
    Cierto que estaba vegetariana (se le subió el ácido úrico por tanta carne) pero hoy la agente Starling me mandó chuletas de cordero...

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  8. Qué hacemos entonces?? Simple: mandar a la mierda lo que haya que mandar a la mierda, y abrazar un cristianismo más realista. Aprender que el raciocinio no es demoníaco, que los de afuera no son los impuros y nosotros los puros, que somos tan pecadores como ellos, que somos tan humanos (debiles, imperfectos) como ellos, en definitiva, que no somos una raza de alienígenas todopoderosos que recitan de memoria "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece"

    Me gusta tu blog. Lo puse en favoritos.

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  9. Gracias Luirro, un abrazo. Sólo digo que hay formas y formas de mandar a la mierda. Hay personas que se mimetizan con su religión petrificada y caduca, pero siempre vale la pena el esfuerzo de salvar al hombre, de pelear con la persona contra el enemigo que muchas veces es él mismo. por eso estamos acá ¿no? porque alguien me ayudó -y me ayuda/n- a luchar incluso contra mí mismo.

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