domingo 8 de enero de 2012

de bendiciones e inconformismos

Leyendo este libro que me tiene sumamente atrapado en estos días, me encuentro con esta bendición que desea incomodidad, enojo, lágrimas y necedad. Por lo contradictorio, lo desafiante, lo inconformista… me dio muchas ganas de compartirlo en este espacio y de desearle lo mismo a los sospechantes habituales y circunstanciales que caminen esta veredita en estos días primicias del 2012.



Una bendición franciscana


Que Dios te bendiga con una incomodidad

por la respuestas fáciles, las medias verdades, y las relaciones personales superficiales

para que puedas vivir hondo en tu corazón.


Que Dios te bendiga con el enojo

contra la injusticia, la opresión y la explotación de la gente,

para que puedas trabajar por la justicia, la libertad y la paz.


Que Dios te bendiga con lágrimas

para derramar por los que sufren dolor, rechazo, hambre y guerra,

de modo que puedas extender tu mano para consolarlos y

convertir su dolor en alegría.


Y que Dios te bendiga con suficiente necedad

para creer que puedes determinar una diferencia en el mundo,

para que puedas hacer lo que otros aducen que no se puede hacer

para traer justicia y bondad a todos nuestros hijos y a los pobres.


Amén.

jueves 22 de diciembre de 2011

folleto de navidad: intento 2 (y último)

Los chicos jugaron, se divirtieron, anduvieron saltando y riendo para despedirse de esos dos días de campamento que habían disfrutado mucho, y les habían permitido conocer nuevos amigos. Algunos de ellos lo habían pasado realmente bien. Y con ese almuerzo final se estaban despidiendo de los amigos y de este encuentro que se empezaba a instalarse en sus memorias y sus corazones como un muy buen recuerdo. Después de terminar de comer las pizzas llegó un postre que no esperaban. Y Santiago, mientras recibe su porción de gelatina con cerezas, desde la alegría y la gratitud, encuentra las palabras exactas para darle expresión a su asombro:¡Pero esto parece Navidad!

Habrá que corregirlo a Santiago: No parece navidad, lo es.

La madre Teresa de Calcuta dijo que:

Es navidad cada vez que sonríes a un hermano y le tiendes la mano.

Es navidad cada vez que estás en silencio para escuchar al otro.

Es navidad cada vez que no aceptas aquellos principios que destierran a los oprimidos al margen de la sociedad.

Es navidad cada vez que esperas con aquellos que desesperan en la pobreza física y espiritual.

Es navidad cada vez que reconoces con humildad tus límites y tu debilidad.

Es navidad cada vez que permites al Señor renacer para darlo a los demás.

La navidad no es, no puede ser, una mera fecha del almanaque ni una fiesta del consumismo egoísta. La navidad no es, y no podemos permitir que sea, solo un tiempo de celebrar lo que tenemos y de llorar lo que nos falta (y los que nos faltan).

La navidad no es, y no debe ser, una fecha que señale lo que se termina, lo que se deja atrás. Navidad debe ser un tiempo de nacimiento, de renuevo, de mirar hacia lo que está comenzando a ser. Navidad es el nacimiento de Jesús, Dios Hijo en medio de los hombres. Y celebramos en navidad que ahora hay esperanzas de vida eterna para todos. Para religiosos y seculares, para eclesiásticos y laicos, para potentados y desposeídos, para sabios y –especialmente– para legos, para expertos y –fundamentalmente– para niños. Una vida eterna que no comienza el día de nuestro velorio sino que comienza hoy, aquí y ahora. La buena noticia de la navidad no es que nuestra vida necesita cambiar porque así como va no nos lleva a un buen final (eso, ni siquiera, es noticia), sino que esa fiesta, ya está presente entre nosotros. Que Jesús es nuestra celebración. Que en Él hay vida, gozo, paz y esperanza.

Podemos celebrar la navidad hoy y cada día, no solo levantando la copa y compartiendo regalitos, sino: sonriendo al hermano y tendiéndole la mano; escuchando en silencio al otro; comprometiéndonos a desterrar la opresión; esperando con aquellos que desesperan en la pobreza física y espiritual;reconociendo nuestros límites y debilidad; permitiendo a Dios renacer en nosotros, arrepintiéndonos de nuestros errores y maldades, e invitándolo a ser el director de nuestras vidas, el que haga nuevo nuestro corazón y nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestra voluntad, el que nos haga renacer como trabajadores de la construcción de una realidad más justa, más digna y más feliz.


martes 20 de diciembre de 2011

Folleto de navidad: intento 1


Marcos sale de casa con su mamá y en seguida se ponen a repartir unos últimos saludos a algunos vecinos y amigos, antes de volver a juntarse para la cena de nochebuena.

Todos los años hacen más o menos lo mismo. Preparan las cosas temprano, y antes de la cena visitan a alguna gente querida, toman unos mates con ellos al calor de la tarde de diciembre, celebran algún brindis, abrazos que van y vienen, saludos y buenos deseos con los amigos de todos los años.

En casa ya está todo listo: los arreglos de la mesa, la comida que van a compartir, y un par de paquetitos con regalos para los más chicos. Marcos creó escuchar por ahí que hasta es posible que este años haya helado para el postre, porque su papá estuvo haciendo algunas changas y así entró un podo más de dinero a la familia, para permitirles disfrutar de “ese lujo” no muy habitual en su casa.

Pero al pasar por la vereda de la casa de Martín (un compañero de fútbol), reciben el saludo de la gente de la casa y la invitación a pasar y compartir con ellos unos minutitos.

Una vez adentro, marcos se queda mudo. No le alcanzan los ojos para apreciar todos los brillos, luces y ornamentos dispuestos para la ocasión. Pero lo que más alo asombra es la abundancia de la mesa que espera para la cena. ¡Qué cantidad de vajilla, comida, bebida, confituras, postres, exquisiteses…! Así que Marcos, finalmente, saca sus conclusiones y pregunta: ¿Toso eso van a comer? ¿Tanta hambre tienen?

La pregunta parece graciosa, inocente, y descolgada. Pero no está falta de sentido común.

Cuando llenamos nuestra casa de luces y chirimbolos…, cuando llenamos nuestro árbol de regalos y paquetitos…, cuando llenamos nuestra mesa de comida y nuestra heladera de alcohol…, ¿cuál es el hambre que estamos queriendo saciar?

Es evidente que no vamos a comer tooooooodaaaaa esa comida, ni necesitamos semejante parafernalia para una cena. Es evidente que hay una necesidad interior que estamos intentando llenar con fiesta, con ruido, con comida, con gastos exagerados y abundancia de palabras vacías.

¿Qué hambre estás queriendo saciar en esta navidad?

En navidad celebramos el nacimiento de Jesús. La manifestación de Dios Hijo en Belén. Seguramente tenés por ahí cerca una tarjeta o unos adornos con la escena del pesebre. ¿Sabías que Belén significa Casa de Pan? En navidad recordamos que Jesús, el pan de vida*, tendió el puente que nos conecta con el cielo, con la vida eterna, con dios, de manera definitiva. Jesús es la provisión de dios para lesa sed y ese hambre profunda del alma que ningún otro alimento puede saciar.

Podes seguir intentando llenar tu vacío con regalos, con placeres, con vicios, con afectos, con cuestiones sanas o dañinas. Pero tan solo al invitar a Jesús a ser el Señor de tu vida vas a experimentas la saciedad e esa angustia profunda, íntima, existencial, que Dios quiere resolver en vos, y que necesitás suplir para alcanzar tu verdadera dimensión humana.

¡Que esta navidad sea la fiesta del alimento eterno para tu corazón, y del bridis por la felicidad nacida en tu corazón por el pan de vida, viviendo en vos!


* Evangelio según San Juan 6:35

viernes 18 de noviembre de 2011

del aséptico dogmatismo a la jodida ambigüedad


aséptico: Neutral, frío, sin pasión

“siglos de meticulosa elaboración para que un inveterado pueblerino venga con estas cuestiones…”
Algo bastante parecido a esto deben haber pensado en más de una ocasión los (¿decepcionados?) horrorizados religiosos judíos al considerar las atrocidades que este “cabecita” llegado del interior de una provincia menos ignorada que despreciada, acometía contra la ingeniería religiosa con la que generaciones de piadosos hombres habían bendecido a la nación judía y a la humanidad toda.
“Está tan claro. Tan santamente regulado. Podemos definir con tanta sencillez y exactitud el carácter de una acción y la condición espiritual de una persona, sin ambages ni medias tintas, y prescribir la receta religiosa que su condición amerite.”
Incluso los fariseos (el ala más “progre” de la casta religiosa judía del siglo I) estaban obnubilados con las preciosuras del sistema religioso que los orfebres de su nación habían desarrollado magníficamente.

“Para Dios no hay medias tintas. “Las cosas son blanco o negro. “El pecado es pecado”. Son frases que podríamos haber oído de sus bocas (también) en aquellos días.

Pero entonces entró en escena un inclasificable maestro llegado de una región mal reputada.
¿Quién es? Un campesino, de Nazaret, en Galilea, tierra de gentiles, impuros, más propensos a la herejía que al buen juicio.
¿Y cuál es el problema? ¿Es sabio, inteligente, popular? ¡Que siga adelante! No podrá reemplazar lo que tan bien establecido tenemos.
Parece, mi querido amigo, que eso hace.
Pues entonces… matémoslo. En nombre de nuestra religión.

Esta escenificación caricaturesca permanece vigente y vívida en la práctica religiosa actual. Veinte siglos después la religión mantiene sus pretensiones de imponer su esquema tabulado para considerar a personas, situaciones, y condición espiritual y vital de las gentes.
Y no está dispuesta a transigir. La iglesia ha desarrollado a lo largo de siglos esquemas que determinan qué es pecado (y qué no lo es) y cómo lidiar con esas situaciones. Estructuras de causa-efecto, mérito-demérito.

Quiero delinear esta incomodidad que Jesús le ocasiona a los sistemas religiosos con tres ejemplos bíblicos, de su propia referencia. Los acontecimientos de (los así llamados): la mujer adúltera, el buen samaritano, y la prostituta en casa de Simón.
En estos tres ejemplos comprobamos el elemento perturbador que Jesús le imprime a la fe. Todo lo que parecía rígido, nítido, incuestionable, es introducido bajo un marco de referencia distinto: la gracia de Dios. Ya no es “LA LEY” lo absoluto, sino que ésta ha de ser considerada con una nueva mirada.
La mujer adúltera, que a todas luces merece la lapidación, es mirada desde la gracia (cosa que aquel grupo de judíos fieles representantes de su religión ni se les pasó por la cabeza). Jesús no niega el pecado, ni justifica al pecador, pero la novedosa exigencia va en dirección a quien quiere intervenir y etiquetar la situación y sus actores. Jesús irrumpe en el escenario de la religión con los anteojos de la gracia. Y lo que antes era inapelable, axiomático, taxativo, ahora ya no se ve con tanta nitidez. Se complejiza la situación. Y, frente al nuevo desafío, la religión calla (¿por vergüenza? ¿por impotencia?) ante la gracia. Y llega el perdón y la oportunidad de una vida nueva para una mujer. La religión apedrea muy justamente, pero la gracia de Dios sobreabunda sobre el juicio y vivifica.
En la parábola del buen samaritano los representantes de la religión con toda razón y rectitud, se apartan del herido. No existen matices. Las normas exigen evitar todo tipo de contacto con el eventual impuro, o muerto (o –peor aún– ambas cosas). Pero la lógica de Jesús deja perplejo a su interlocutor, que no puede sino reconocer que la compasión obra más santamente que la religión.
Y en casa de Simón, una mujer pecadora (¡vaya eufemismo éste, que subraya la cuestión esencial del relato!) se acerca, toca, manosea, ultraja la reputación y los pies del huésped de honor de la casa. Simón es más generoso que los religiosos de los ejemplos anteriores. El sí admite que Jesús puede llegar a permitirse estos grados de tolerancia, de falta de protocolo y de relacionamiento espontáneo con una mujer. Lo que no es posible para él es que, a la vez, Jesús sea profeta. Existe lugar para la compasión y la empatía, pero no en el marco de la ley, tal y como él la entiende. La perturbadora lógica de la gracia irrumpe nuevamente para explotarle en las manos a la religión que comprueba que la gratitud, la misericordia, la gracia, no son parámetros relevantes en su propuesta salvífica.

Aquella diatriba inicial continúa exigiendo respuestas hoy en día. Matemos en nombre de la religión a cualquier Jesús que quiera perturbar la casuística del sistema montado para la manipulación del pecado y de las personas.
Aún hoy podemos someternos a la ingeniería religiosa que estigmatiza, exige, simplifica igualando para abajo, y esclaviza con cadenas dogmáticas. O podemos entrar en el terreno de la gracia, de la ambigüedad y la espiritualidad vital (de personas: no de libros ni de tabulaciones): el terreno del Reino, el terreno de Jesús.



martes 12 de julio de 2011

aprendiz de salmista


a lo largo de un par de meses estuvimos mirando hacia la vida de David, según la Biblia desarrolla aspectos biográficos de esta figura. Seleccionamos algunos fragmentos de su historial para intentar obtener algunos elementos que signifiquen un aporte a nuestra comprensión de la vida de fe.
Fue un tiempo interesante y una experiencia enriquecedora. En uno de los últimos encuentros animé a los demás a escribirle a Dios sus emociones y sus sensaciones, imitando la sensibilidad ante la vida que evidenció David. Y, sorpresivamente para mí, me encuentro con la grata sorpresa que alguien respondió con esta explosión de ternura:


MI PRIMER SALMO (como los de David)

No hay nadie más poderoso que vos,
el mejor cuidador del mundo sos.
Me ofrecés “Ibupirac” si me da toz;
si tengo hambre, me das atún y arroz

Sos el ser mas bueno,
me llegás a dar todo lo que deseo.
Cuando me excedo hasta pido un reno
pero sólo me lo das si para mí es bueno.
Eso es porque me cuidás,
me protegés, ayudás, amás.

Nunca te voy a llegar a agradecer
por la mañana y el atardecer,
por mi familia y su forma de ser,
por la gente que me ayuda a ver
lo que vos querés para mí.
Tal vez no lo llego a entender
pero de una cosa estoy segura
y es que si soy una arcilla dura
nunca voy a estar a la altura
de acercarme a tu hermosura
y poder ser una ovejita pura.

P. (13 años)

viernes 3 de junio de 2011

El alegre postoperatorio de la esperanza escatológica

El alegre postoperatorio de la esperanza escatológica

(demasiado título para unos murmullos trasnochados)

En los últimos días tuve el privilegio y la mala fortuna de tener que sobrellevar la experiencia de un postoperatorio. Todavía me encuentro en esa instancia. Sufrí una intervención quirúrgica que me resolvió un importante problema en mi salud pero que no me tiene, aun, recuperado por completo. La gratitud y la alegría por haber superado el grave estado son una realidad, sin embargo el momento no deja de ser arduo de transitar. No fue el grave estado de salud, ni el gran dolor de las heridas lo que mayor dificultad me causó durante el tiempo transcurrido. Lo peor de todo (no ya desde la salud o el dolor, sino desde el estado anímico y general) fue el postoperatorio. Mientras estaba con el problema que reclamaba una operación estaba limitado, y debía acomodarme a lo que la situación me demandaba. Una vez operado se espera que ya esté sano, recuperado, y con las funciones a pleno. Pero, como todo el mundo sabe (a excepción del paciente impaciente) esto no sucede de manera inmediata. Uno ya está operado. Lo que estaba enfermo ya no está mal (o, como en mi caso, ya no está más). El mal fue erradicado y todo debería recuperar su funcionamiento natural. Lejos de suceder eso el cuerpo necesita muchos cuidados, y el dolor es intenso. El mal, en realidad causó bastante daño y la extracción de ese mal también afectó a órganos que fueron cortados, manipulados, desplazados y nuevamente acomodados, todo para permitir dar lugar a un nuevo y mejor estado. Pero mientras tanto cada movimiento me provoca dolor. No me puedo mover mucho ni hacer movimientos bruscos sin sentir un tirón que causa sufrimiento. No puedo hacer lo que quisiera, no puedo comer lo que quisiera, solo esperar el momento en que mi cuerpo recuperará su condición natural que, seguramente, será mejor incluso a la que ostentaba antes de la operación.

Se parece demasiado a la exasperante condición que vivimos los que creemos en la redención, en la futura restauración de todas las cosas. A esa expectativa dolorosa y esperanzada que vivimos los que creemos que transitamos el tiempo entre la victoria del crucificado y la consumación de su victoria final. La realidad futura es inminente, pero la presente todavía duele. No dudamos en cuanto al destino final de nuestra esperanza, pero la cotidianeidad es de insatisfacción, de frustración y, muchas veces, de dolor desesperante. Miramos y confiamos en la llegada de la luz plena, de la salud y la restauración de las entidades, de las formas y las esencias, de las expresiones y las intenciones, pero en el “mientras tanto” esta realidad, muchas veces, duele.

El postoperatorio duele, frustra y aconogoja. Pero el contexto en el que se da (al menos en este, mi caso) es uno de esperanzadora alegría, de anhelante convicción del bienaventurado porvenir. Un futuro asegurado por una realidad pasada, concreta, evidenciada en la historia, en la fe, y en mi carne.


martes 10 de mayo de 2011

metiendo el cuchillo hasta la empuñadura


¡Por fin las iglesias se animan a hablar de temas ríspidos! Durante mucho tiempo nos tocó convivir con iglesias que preferían evadirse y refugiarse en su nube ultramundana y en su salvación “made in Hollywood”, para no embarrarse los pies con la cotidianeidad que pega y duele. Hoy encontramos iglesias que por fin asumen el desafío histórico y, con decisión y vocación profética, deciden empezar a hablar de los asuntos en los que propios y extraños quieren y necesitan oír la voz de la iglesia.
Ahora sí escuchamos hablar de género y elección sexual, de aborto, de eutanasia, de corrupción institucional y cotidiana, de violencia estructural y simbólica, de los desafíos cotidianos y triviales aunque intrincados, y de los conflictos existenciales del hombre y la mujer de hoy.
¡¡¡Pero eso sí …!!! (diría Mex) Se habla de todos esos temas, pero así, exactamente de la misma manera, con el mismo compromiso, profundidad y valentía con que Luis María Pescetti encara esta cuestión tan difícil de abordar: ¿Cómo se hacen los niños?