sábado 25 de febrero de 2012

oración mirando al futuro y a la cruz


DAME LA OPORTUNIDAD DE SERVIR
Oración para un año que comienza
por Salwa Azzam

Que mis años sean luces
que señalan el camino
de la noche hacia el día…
Que mi voz, compases de alegría
como el alegre dulzor que lleva el vino.
Que mis manos, la tenue melodía
que quiebra el rigor de los inviernos
y cascada, cascada feliz… feliz y blanca
que suavice el hastío del verano.

Que mis ojos sean cuna y reposo
y mis brazos, la fuerza y la ternura:
para el consejo sabio,
para el consuelo generoso...
para el sueño sereno y cadencioso.

… Mis palabras, un milagro de calor
que derrita la dureza de la escarcha
sosteniendo la fe de los vencidos,
la pequeña fe del que ha perdido.
… Mi boca, un símbolo de paz
cuando falten la justicia y la cordura.
Usa mis ganas y mi alegría,
¡Dios!  Usa mi mente y voluntad.

Y mis pies… firmes en la marcha
junto al que sufre y al que llora.
Y al que rendido tu favor implora,
envíame como bálsamo al dolor.
Y al que arrepentido, de rodillas,
cae a tus pies por tu perdón,
caiga también yo a su lado
cual semilla de sosiego, de calma,
y crezcamos juntos en un ruego de esperanza
por los frutos del amor.

¡Amén!


lunes 6 de febrero de 2012

¿cristianismo?????



Del inefable Paulo Bravo, otra vez molestando a la buena gente…

10 motivos para no ser cristiano (aún siendo lo correcto)

Ser cristiano requiere, como muchas veces se ha sugerido, estómago fuerte. Aún siendo una propuesta para todos, esta cuestión no es para cualquiera.

Hubo un tiempo en el que, para ser socialmente aceptado en occidente, era requisito mostrar el certificado de bautismo. Hoy en día, gracias al cielo, no es más así: nadie precisa ser cristiano solo por tratarse del hecho políticamente correcto. Hay, además, motivos adicionales para abandonar esas ideas de seguir cabalmente las enseñanzas de Jesús, si es que a usted le preocupan esas cosas.

Seleccioné diez, debe haber más.

10 MOTIVOS PARA NO SER CRISTIANO

1.      PUREZA DE MOTIVOS. Algunas religiones, menos ambiciosas, exigen un comportamiento impecable. El cristianismo requiere pureza interior de motivos, que es algo infinitamente más difícil de alcanzar y que, tal vez, nadie sea capaz de exhibir. De acuerdo con Jesús, no basta hacer lo correcto, es necesario hacerlo con la motivación correcta. Y, tal vez peor y más común: basta contemplar con simpatía la maldad para ser culpado de ella.
2.      DESAPEGO A COSAS MATERIALES. Pocas cosas caracterizan más la predicación cristiana desde su inicio  que un salvaje desapego a las riquezas y otras distracciones palpables. “No junten tesoros en la tierra”, recomendaba el análisis económico de Jesús, que recordaba inclusive que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de los cielos. Los primeros cristianos creían: vendían todo lo que poseían y se lo daban a los pobres, y de lo que le quedaba a cada uno “ninguno consideraba exclusivamente suyo ninguna de las cosas que poseía; todo les era común” (Hechos 4:32).
3.      RENUNCIA AL PODER. Un problema singular está en la exigencia, reforzada continuamente en el Nuevo Testamento, de humildad y de renuncia de todos los privilegios; inclusive (o especialmente) los privilegios merecidos. “Sabéis que los gobernadores de los pueblos los dominan y que los líderes ejercen autoridad sobre ellos. No será así entre ustedes; por el contrario, quien quiera volverse grande entre ustedes, será el que los sirva; y quien quiera ser el primero entre ustedes será su siervo” (Mateo 20:25-26). Aún cuando la humildad era vista como una virtud políticamente correcta y la ambición como un vicio de carácter, pocos efectivamente se acomodaban a esas duras exigencias. Qué decir de hoy.
4.      AMAR A LOS ENEMIGOS. El Antiguo Testamento exigía lo razonable: que tratásemos a nuestros vecinos con civilidad, aún cuando no lo merecían                 –comportamiento que garantiza, con cierta medida de esfuerzo, un mínimo de cohesión en la sociedad–. Jesús perdió aparentemente todo el sentido de la proporción cuando pidió que amásemos a nuestros enemigos y que intercediéramos delante de Dios por los que nos odian. De nada sirve amar a los que nos aman, argumentaba él, porque los más viles pecadores hacen lo mismo. Todo el mundo ama a quien lo ama, y Jesús quería más que ese requisito mínimo: pedía sinceramente que fuésemos “perfectos como Dios es perfecto” (Mateo 5:45, 48) –que fuésemos generosos como Dios, que derrama el sol y la lluvia sin distinción sobre buenos y malos; sobre merecedores y pecadores–. Esa exigencia suya permanece tan impopular hoy como cuando fue pronunciada por primera vez. O, tal vez, más aún, ya que solo tenemos pecadores y nadie se toma el trabajo de fingirse merecedor.

5.      PERDONAR PARA SER PERDONADO. El padre de Jesús no es dado a negociaciones, pero en este tema, curiosamente, Él no se priva de hacerlo. El perdón es gratuito desde que osamos extenderlo a los otros con la misma disposición caballeresca. “Porque, si perdonan a los hombres sus ofensas, también su padre celestial los perdonará, si por el contrario, no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su padre les perdonará sus ofensas” (Mateo 6:14, 15). Como se ve, somos todos imperdonables, pero la culpa no es de Dios.

6.      PUREZA SEXUAL. El sexo no era para los judíos el conflicto que se volvió  para los a través de los cristianos, pero una buena parte de consistencia en la conducta sexual siempre fue medida de la experiencia cristiana. Con el tiempo, y por motivos que no cabe discutir aquí, el pecado sexual se volvió, en el discurso cristiano, el pecado por excelencia. Hoy en día el sexo fuera del matrimonio es, en la práctica, la única conducta abierta no tolerada en una comunidad cristiana evangélica. Ambición, ganancia deshonesta, mentira y rencor son bienvenidos a los ojos vistas, pero si fuera usted a caer en la cama equivocada o albergara pensamientos impuros, haga como el resto de nosotros y no levante la perdiz. La única cosa que Jesús tiene que decir sobre esos asuntos es continuamente “quien no tiene culpa en el auditorio arroje la primera piedra” y “ve y no peques más”.

7.      PRATICAR LA VIRTUD. Es creencia fundamental del cristianismo que somos salvos de la condenación no como compensación por nuestros esfuerzos en el sentido de practicar el bien, sino por la iniciativa gratuita e infundada de Dios, que resolvió darnos el regalo que nadie tendría cómo lograr por merecimiento. A pesar de eso, el énfasis en la práctica de la virtud –hacer el bien sin mirar a quién– es la tecla que tocan continuamente los escritores del Nuevo Testamento. Como se sabe, la virtud y la integridad son vistas hoy como flaqueza y vicio, y es políticamente incorrecto siquiera mencionarlas en un contexto positivo. La ley de Gerson revocó esas curiosidades de la historia.

8.      SEREMOS JUZGADOS POR NUESTROS ACTOS.Porque el Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a lo que haya hecho” (Mateo 16:27). Parece contradicción, pero la enseñanza del Reino es que somos aceptados por la gracia (esto es, no por nuestros propios esfuerzos en hacer lo que es correcto) pero seremos juzgados –cáigase de espaldas– por nuestra conducta. De un modo misterioso, basta abrazas la gracia para ser aceptado incondicionalmente por ella (como le sucedió a uno de los ladrones en la cruz); por otro lado, no basta, y el discurso de Jesús requiere una tremenda consistencia en la conducta personal. “Por qué me llamáis Señor Señor, y no hacéis lo que os mando? (Lucas 6:46).


9.      LA INSENSATEZ DE LA GRACIA. Como si los escándalos antedichos no bastaran, está el terrible inconveniente de que para ser cristiano es preciso tragarse la insensatez de la gracia –la creencia en la actitud caballeresca y generosa por cual Dios acepta y abraza a quien nosotros mismos excluiríamos y condenaríamos de inmediato, irreversiblemente y con toda convicción. Nuestra tendencia natural es mirar a los despreciables con desprecio, nunca con misericordia. Aceptar a quién no merece ser aceptado no es solamente terriblemente exigente, es una conducta que invita al más impiadosos ostracismo social. Nadie respeta a quien no reclama respeto, y el cristianismo exige que adoptemos la peculiarísima noción de que “la substancia de nuestra fe consiste en la convicción de que los fueras de la ley, pecadores y criminales pueden llamar a Dios como Padre, y que las prostitutas pueden entrar en reino de Dios antes que los religiosamente respetables” (Brennan Mannigan). Ser cristiano es admitir un Dios que no se da al respeto. Un Dios sin criterio. Un Dios vulgar. Definitivamente, no es para quien tenga estómago débil.

10. EXIGENCIA DE LA VIDA ENTERA. Finalmente, ser seguidor de Jesús requiere vivir como él vivió, lo que no es poco, considerando cómo terminó él. “Así como el Padre me envió, yo también los envío”, dijo Jesús a sus primeros seguidores, y los más expertos entre ellos luego interpretaron la sentencia, correctamente, como queriendo decir “yo los envío para dar sus vidas [por quien no merece el esfuerzo]”. Ser cristiano requiere, infelizmente, todo, la vida entera, el tiempo todo y hasta el fin. No hay términos medios, medias palabras, tregua o feriado semanal. “Así, pues, todo aquel que entre vosotros no renuncia a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33). Según el mensaje cristiano, entre tanto, no hay de hecho mejor negocio que perder la vida, porque “quien quiera preservar su vida la perderá; y quien la pierda de hecho la salvará” (Lucas 17:33)


Pero se trata, convengamos, de la enseñanza de un sujeto idealista que decía cosas como “nadie tiene mayor amor que el de dar la vida por sus amigos”. Si hay un mundo en el que esa invitación puede resultar menos popular, es el nuestro.

Al creer en todo esto, si fuera posible, lo correcto sería, naturalmente, hacerlo. Pero un motivo más para no ser cristiano, si no quiere pagar el precio: Hoy en día nadie exige lo impracticable de los otros ni de si mismo.

¿Hacer lo correcto?
Ya no está aquí quien lo dijo. 


domingo 8 de enero de 2012

de bendiciones e inconformismos

Leyendo este libro que me tiene sumamente atrapado en estos días, me encuentro con esta bendición que desea incomodidad, enojo, lágrimas y necedad. Por lo contradictorio, lo desafiante, lo inconformista… me dio muchas ganas de compartirlo en este espacio y de desearle lo mismo a los sospechantes habituales y circunstanciales que caminen esta veredita en estos días primicias del 2012.



Una bendición franciscana


Que Dios te bendiga con una incomodidad

por la respuestas fáciles, las medias verdades, y las relaciones personales superficiales

para que puedas vivir hondo en tu corazón.


Que Dios te bendiga con el enojo

contra la injusticia, la opresión y la explotación de la gente,

para que puedas trabajar por la justicia, la libertad y la paz.


Que Dios te bendiga con lágrimas

para derramar por los que sufren dolor, rechazo, hambre y guerra,

de modo que puedas extender tu mano para consolarlos y

convertir su dolor en alegría.


Y que Dios te bendiga con suficiente necedad

para creer que puedes determinar una diferencia en el mundo,

para que puedas hacer lo que otros aducen que no se puede hacer

para traer justicia y bondad a todos nuestros hijos y a los pobres.


Amén.

jueves 22 de diciembre de 2011

folleto de navidad: intento 2 (y último)

Los chicos jugaron, se divirtieron, anduvieron saltando y riendo para despedirse de esos dos días de campamento que habían disfrutado mucho, y les habían permitido conocer nuevos amigos. Algunos de ellos lo habían pasado realmente bien. Y con ese almuerzo final se estaban despidiendo de los amigos y de este encuentro que se empezaba a instalarse en sus memorias y sus corazones como un muy buen recuerdo. Después de terminar de comer las pizzas llegó un postre que no esperaban. Y Santiago, mientras recibe su porción de gelatina con cerezas, desde la alegría y la gratitud, encuentra las palabras exactas para darle expresión a su asombro:¡Pero esto parece Navidad!

Habrá que corregirlo a Santiago: No parece navidad, lo es.

La madre Teresa de Calcuta dijo que:

Es navidad cada vez que sonríes a un hermano y le tiendes la mano.

Es navidad cada vez que estás en silencio para escuchar al otro.

Es navidad cada vez que no aceptas aquellos principios que destierran a los oprimidos al margen de la sociedad.

Es navidad cada vez que esperas con aquellos que desesperan en la pobreza física y espiritual.

Es navidad cada vez que reconoces con humildad tus límites y tu debilidad.

Es navidad cada vez que permites al Señor renacer para darlo a los demás.

La navidad no es, no puede ser, una mera fecha del almanaque ni una fiesta del consumismo egoísta. La navidad no es, y no podemos permitir que sea, solo un tiempo de celebrar lo que tenemos y de llorar lo que nos falta (y los que nos faltan).

La navidad no es, y no debe ser, una fecha que señale lo que se termina, lo que se deja atrás. Navidad debe ser un tiempo de nacimiento, de renuevo, de mirar hacia lo que está comenzando a ser. Navidad es el nacimiento de Jesús, Dios Hijo en medio de los hombres. Y celebramos en navidad que ahora hay esperanzas de vida eterna para todos. Para religiosos y seculares, para eclesiásticos y laicos, para potentados y desposeídos, para sabios y –especialmente– para legos, para expertos y –fundamentalmente– para niños. Una vida eterna que no comienza el día de nuestro velorio sino que comienza hoy, aquí y ahora. La buena noticia de la navidad no es que nuestra vida necesita cambiar porque así como va no nos lleva a un buen final (eso, ni siquiera, es noticia), sino que esa fiesta, ya está presente entre nosotros. Que Jesús es nuestra celebración. Que en Él hay vida, gozo, paz y esperanza.

Podemos celebrar la navidad hoy y cada día, no solo levantando la copa y compartiendo regalitos, sino: sonriendo al hermano y tendiéndole la mano; escuchando en silencio al otro; comprometiéndonos a desterrar la opresión; esperando con aquellos que desesperan en la pobreza física y espiritual;reconociendo nuestros límites y debilidad; permitiendo a Dios renacer en nosotros, arrepintiéndonos de nuestros errores y maldades, e invitándolo a ser el director de nuestras vidas, el que haga nuevo nuestro corazón y nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestra voluntad, el que nos haga renacer como trabajadores de la construcción de una realidad más justa, más digna y más feliz.


martes 20 de diciembre de 2011

Folleto de navidad: intento 1


Marcos sale de casa con su mamá y en seguida se ponen a repartir unos últimos saludos a algunos vecinos y amigos, antes de volver a juntarse para la cena de nochebuena.

Todos los años hacen más o menos lo mismo. Preparan las cosas temprano, y antes de la cena visitan a alguna gente querida, toman unos mates con ellos al calor de la tarde de diciembre, celebran algún brindis, abrazos que van y vienen, saludos y buenos deseos con los amigos de todos los años.

En casa ya está todo listo: los arreglos de la mesa, la comida que van a compartir, y un par de paquetitos con regalos para los más chicos. Marcos creó escuchar por ahí que hasta es posible que este años haya helado para el postre, porque su papá estuvo haciendo algunas changas y así entró un podo más de dinero a la familia, para permitirles disfrutar de “ese lujo” no muy habitual en su casa.

Pero al pasar por la vereda de la casa de Martín (un compañero de fútbol), reciben el saludo de la gente de la casa y la invitación a pasar y compartir con ellos unos minutitos.

Una vez adentro, marcos se queda mudo. No le alcanzan los ojos para apreciar todos los brillos, luces y ornamentos dispuestos para la ocasión. Pero lo que más alo asombra es la abundancia de la mesa que espera para la cena. ¡Qué cantidad de vajilla, comida, bebida, confituras, postres, exquisiteses…! Así que Marcos, finalmente, saca sus conclusiones y pregunta: ¿Toso eso van a comer? ¿Tanta hambre tienen?

La pregunta parece graciosa, inocente, y descolgada. Pero no está falta de sentido común.

Cuando llenamos nuestra casa de luces y chirimbolos…, cuando llenamos nuestro árbol de regalos y paquetitos…, cuando llenamos nuestra mesa de comida y nuestra heladera de alcohol…, ¿cuál es el hambre que estamos queriendo saciar?

Es evidente que no vamos a comer tooooooodaaaaa esa comida, ni necesitamos semejante parafernalia para una cena. Es evidente que hay una necesidad interior que estamos intentando llenar con fiesta, con ruido, con comida, con gastos exagerados y abundancia de palabras vacías.

¿Qué hambre estás queriendo saciar en esta navidad?

En navidad celebramos el nacimiento de Jesús. La manifestación de Dios Hijo en Belén. Seguramente tenés por ahí cerca una tarjeta o unos adornos con la escena del pesebre. ¿Sabías que Belén significa Casa de Pan? En navidad recordamos que Jesús, el pan de vida*, tendió el puente que nos conecta con el cielo, con la vida eterna, con dios, de manera definitiva. Jesús es la provisión de dios para lesa sed y ese hambre profunda del alma que ningún otro alimento puede saciar.

Podes seguir intentando llenar tu vacío con regalos, con placeres, con vicios, con afectos, con cuestiones sanas o dañinas. Pero tan solo al invitar a Jesús a ser el Señor de tu vida vas a experimentas la saciedad e esa angustia profunda, íntima, existencial, que Dios quiere resolver en vos, y que necesitás suplir para alcanzar tu verdadera dimensión humana.

¡Que esta navidad sea la fiesta del alimento eterno para tu corazón, y del bridis por la felicidad nacida en tu corazón por el pan de vida, viviendo en vos!


* Evangelio según San Juan 6:35

viernes 18 de noviembre de 2011

del aséptico dogmatismo a la jodida ambigüedad


aséptico: Neutral, frío, sin pasión

“siglos de meticulosa elaboración para que un inveterado pueblerino venga con estas cuestiones…”
Algo bastante parecido a esto deben haber pensado en más de una ocasión los (¿decepcionados?) horrorizados religiosos judíos al considerar las atrocidades que este “cabecita” llegado del interior de una provincia menos ignorada que despreciada, acometía contra la ingeniería religiosa con la que generaciones de piadosos hombres habían bendecido a la nación judía y a la humanidad toda.
“Está tan claro. Tan santamente regulado. Podemos definir con tanta sencillez y exactitud el carácter de una acción y la condición espiritual de una persona, sin ambages ni medias tintas, y prescribir la receta religiosa que su condición amerite.”
Incluso los fariseos (el ala más “progre” de la casta religiosa judía del siglo I) estaban obnubilados con las preciosuras del sistema religioso que los orfebres de su nación habían desarrollado magníficamente.

“Para Dios no hay medias tintas. “Las cosas son blanco o negro. “El pecado es pecado”. Son frases que podríamos haber oído de sus bocas (también) en aquellos días.

Pero entonces entró en escena un inclasificable maestro llegado de una región mal reputada.
¿Quién es? Un campesino, de Nazaret, en Galilea, tierra de gentiles, impuros, más propensos a la herejía que al buen juicio.
¿Y cuál es el problema? ¿Es sabio, inteligente, popular? ¡Que siga adelante! No podrá reemplazar lo que tan bien establecido tenemos.
Parece, mi querido amigo, que eso hace.
Pues entonces… matémoslo. En nombre de nuestra religión.

Esta escenificación caricaturesca permanece vigente y vívida en la práctica religiosa actual. Veinte siglos después la religión mantiene sus pretensiones de imponer su esquema tabulado para considerar a personas, situaciones, y condición espiritual y vital de las gentes.
Y no está dispuesta a transigir. La iglesia ha desarrollado a lo largo de siglos esquemas que determinan qué es pecado (y qué no lo es) y cómo lidiar con esas situaciones. Estructuras de causa-efecto, mérito-demérito.

Quiero delinear esta incomodidad que Jesús le ocasiona a los sistemas religiosos con tres ejemplos bíblicos, de su propia referencia. Los acontecimientos de (los así llamados): la mujer adúltera, el buen samaritano, y la prostituta en casa de Simón.
En estos tres ejemplos comprobamos el elemento perturbador que Jesús le imprime a la fe. Todo lo que parecía rígido, nítido, incuestionable, es introducido bajo un marco de referencia distinto: la gracia de Dios. Ya no es “LA LEY” lo absoluto, sino que ésta ha de ser considerada con una nueva mirada.
La mujer adúltera, que a todas luces merece la lapidación, es mirada desde la gracia (cosa que aquel grupo de judíos fieles representantes de su religión ni se les pasó por la cabeza). Jesús no niega el pecado, ni justifica al pecador, pero la novedosa exigencia va en dirección a quien quiere intervenir y etiquetar la situación y sus actores. Jesús irrumpe en el escenario de la religión con los anteojos de la gracia. Y lo que antes era inapelable, axiomático, taxativo, ahora ya no se ve con tanta nitidez. Se complejiza la situación. Y, frente al nuevo desafío, la religión calla (¿por vergüenza? ¿por impotencia?) ante la gracia. Y llega el perdón y la oportunidad de una vida nueva para una mujer. La religión apedrea muy justamente, pero la gracia de Dios sobreabunda sobre el juicio y vivifica.
En la parábola del buen samaritano los representantes de la religión con toda razón y rectitud, se apartan del herido. No existen matices. Las normas exigen evitar todo tipo de contacto con el eventual impuro, o muerto (o –peor aún– ambas cosas). Pero la lógica de Jesús deja perplejo a su interlocutor, que no puede sino reconocer que la compasión obra más santamente que la religión.
Y en casa de Simón, una mujer pecadora (¡vaya eufemismo éste, que subraya la cuestión esencial del relato!) se acerca, toca, manosea, ultraja la reputación y los pies del huésped de honor de la casa. Simón es más generoso que los religiosos de los ejemplos anteriores. El sí admite que Jesús puede llegar a permitirse estos grados de tolerancia, de falta de protocolo y de relacionamiento espontáneo con una mujer. Lo que no es posible para él es que, a la vez, Jesús sea profeta. Existe lugar para la compasión y la empatía, pero no en el marco de la ley, tal y como él la entiende. La perturbadora lógica de la gracia irrumpe nuevamente para explotarle en las manos a la religión que comprueba que la gratitud, la misericordia, la gracia, no son parámetros relevantes en su propuesta salvífica.

Aquella diatriba inicial continúa exigiendo respuestas hoy en día. Matemos en nombre de la religión a cualquier Jesús que quiera perturbar la casuística del sistema montado para la manipulación del pecado y de las personas.
Aún hoy podemos someternos a la ingeniería religiosa que estigmatiza, exige, simplifica igualando para abajo, y esclaviza con cadenas dogmáticas. O podemos entrar en el terreno de la gracia, de la ambigüedad y la espiritualidad vital (de personas: no de libros ni de tabulaciones): el terreno del Reino, el terreno de Jesús.



martes 12 de julio de 2011

aprendiz de salmista


a lo largo de un par de meses estuvimos mirando hacia la vida de David, según la Biblia desarrolla aspectos biográficos de esta figura. Seleccionamos algunos fragmentos de su historial para intentar obtener algunos elementos que signifiquen un aporte a nuestra comprensión de la vida de fe.
Fue un tiempo interesante y una experiencia enriquecedora. En uno de los últimos encuentros animé a los demás a escribirle a Dios sus emociones y sus sensaciones, imitando la sensibilidad ante la vida que evidenció David. Y, sorpresivamente para mí, me encuentro con la grata sorpresa que alguien respondió con esta explosión de ternura:


MI PRIMER SALMO (como los de David)

No hay nadie más poderoso que vos,
el mejor cuidador del mundo sos.
Me ofrecés “Ibupirac” si me da toz;
si tengo hambre, me das atún y arroz

Sos el ser mas bueno,
me llegás a dar todo lo que deseo.
Cuando me excedo hasta pido un reno
pero sólo me lo das si para mí es bueno.
Eso es porque me cuidás,
me protegés, ayudás, amás.

Nunca te voy a llegar a agradecer
por la mañana y el atardecer,
por mi familia y su forma de ser,
por la gente que me ayuda a ver
lo que vos querés para mí.
Tal vez no lo llego a entender
pero de una cosa estoy segura
y es que si soy una arcilla dura
nunca voy a estar a la altura
de acercarme a tu hermosura
y poder ser una ovejita pura.

P. (13 años)