miércoles, 23 de diciembre de 2009

Saludito con el almanaque en la mano

Ayer entré a un negocio que frecuento pero no demasiado. Sin embargo suelo charlar un poco con las chicas y los muchachos que atienden allí. Cuando salía del negocio, la chica que estaba al mostrador me deseó que, "por las dudas que no nos volvamos a ver", pueda tener yo felicidades, en relación a las fiestas que están en puerta. Me gustó el gesto, pero no me termina de convencer el hecho que necesitemos una excusa así para obsequiarle buenos deseos a los demás. Si al menos estas fiestas nos sirven para tener esa disposición hacia aquellos con los que convivimos, nos habrán servido, mínimamente, para obsequiar buenos augurios. Deberíamos hacer de esto un punto inicial para que podamos extendernos más allá de la circunstancia podeamos desearnos y hacernos el bien, más allá de lo que determine el almanaque.

Con esta imágen (cuyo autor desconozco, pero a quien felicito) quiero saludar a todos los eventuales sospechantes que pasen por este rinconcito en estos días y acercar mis saludos no sólo para la navidad, sino, especialmente, para el resto de del año.

jueves, 17 de diciembre de 2009

la música de Luis


Luisito es el tecladista estrella de nuestra congregación. No tiene mucha idea de música. Sólo toca el “feliz cumpleaños” de memoria y le faltan un par de notas para completar la melodía. Cada domingo, apenas llega al templo coloca su tecladito en una mesa dispuesta para él en el frente del salón, e interpreta unas improvisaciones ininteligibles para la mayoría de nosotros, limitados en nuestra capacidad de comprensión emocional. Un par de veces, en el transcurso de la reunión, hay que pedirle que baje un poco el volumen de su instrumento porque, aunque para él debe sonar angelicalmente, desconcentra a cualquiera que intente seguir mínimamente la melodía que estamos cantando. Aún así hace años que seguimos con esta práctica ya que todos en la iglesia lo tenemos naturalizado, no tanto por nuestra tolerancia hacia Luis, sino porque su presencia y su “particular estilo” son de una inspiración que nos ayuda más que una sinfonía compuesta para la exaltación divina. Su entrega supera con creces la calidad de la adoración de todos nosotros.
Luisito tiene una discapacidad mental fruto de los golpes que recibió de chico. También tiene dificultades motrices y habla con la voz muy baja, como susurrando. Vive en un geriátrico que funciona en el hospital de nuestra localidad, y es uno de los más fieles asistentes a nuestras reuniones.
También es compañero de uno de nuestros hijos, en la escuela de dibujo. Es un alumno añejo en la institución y recibe cada fin de cada año las felicitaciones por sus preciosos dibujos, y el premio que ven en sus manos, por la fidelidad y el esfuerzo, además de los progresos en su capacitación.

Durante el acto de graduación de este año tuvo lugar el acontecimiento que intento narrar en estas líneas.
Luisito se prestó muy contento a que le tomaran esta foto. Se sintió halagado de ser el protagonista de esta toma. Pero unos instantes después, en medio de una melodía que sonaba deliciosa, Luisito se acercó a la eventual fotógrafa.
-¡Qué lindo! –dijo el susurro de Luis.
-Sí, qué lindo todo ¿viste Luis?
-Sacale una foto –solicitó nuestro artista, señalando pesadamente hacia la dirección en la que estaba el centro de la actividad, la gente, la muestra, los saludos.
-¿A qué querés que le saque la foto? ¿A la gente? ¿A los dibujos?
-No. Sacale una foto… ¡a la música!

jueves, 10 de diciembre de 2009

Construcción Compartida II

Hubo un hombre que para un Carnaval se disfrazó de sí mismo.
Y parecía otro.
Y se cuenta que fue muy feliz.
Pero al llegar el miércoles de ceniza volvió a ser el de todos los días, es decir, el que los demás querían que fuera.

Anónimo

sábado, 5 de diciembre de 2009

Construcción Compartida

En el blog de Paulo Brabo encuentro estas líneas, respecto a la identidad, que nos ayuda, nos tira unas líneas respecto a avanzar en la comprensión de quiénes somos, cómo construímos, o se construye, o nos construyen, la identidad.

Los rumores a su respecto
Desde el momento en que usted nace las personas comienzan a hablar sobre usted la una con la otra, sin que tenga usted acceso directo al contenido de lo que ellas dicen y sin que pueda interferir con la misma libertad creativa en las concepciones que se desarrollan respecto a usted.
Con el tiempo, los rumores a su respecto se tornarán cada vez más asociados a usted; cuando usted irrumpe, lo que las personas, de hecho, ven es una compleja obra de ficción, una impresión formada tanto o más por el conjunto total de los rumores a su respecto que por lo que usted de hecho ya dijo o hizo.
Somos, cada uno de nosotros, una obra colectiva.

lunes, 30 de noviembre de 2009

del Revolucionario puro y sin mácula

Hace un tiempo citaba una frase de Peter Townshend atribuyéndole al rock cualidades que, a mi entender, deberían ser características de la fe cristiana. Pretendo continuar acumulando cuestiones que no está mal reconocerlas en otros ámbitos, pero que evidencian que en algún momento de su recorrido el cristianismo dejó caer y perder elementos que le deberían ser propios. No hay inconveniente alguno en asociar estas cuestiones a otros ámbitos, el problema es que NO los asociemos a quien debería enarbolarlos como parte de su centro mismo, de su perfil más esencial.
Rescato, así, esta carta breve, emotiva, y riquísima del Che Guevara a sus hijos. En ella señala a un aspecto principal como la “cualidad más linda de un revolucionario”. Sería deseable que muchos, a leerlo, pensaran: “¡pero esa es la cualidad más linda de los cristianos!”. No ocurre de esa manera. Nadie relaciona a
un creyente evangélico, católico, protestante, como el prototipo de alguien comprometido con el dolor y el sufrimiento de los demás, con la justicia sin fronteras ni amiguismos.
Me pregunto, entonces: ¿La falta de la esencia, no nos transforma en otra cosa que, con el mismo rótulo anterior mutó a una nueva entidad? Sigo preguntándome: Más allá de la continuidad institucional, de la identidad histórica y formal, si perdemos aquello que Townshend le atribuye al rock, esto que Guevara le atribuye al revolucionario, aún así ¿seguiremos siendo iglesia?
Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:
Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.
Casi no se acordarán de mi y los más chiquitos no recordarán nada.
Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.
Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía.
Un beso grandote y gran abrazo de
Papá



jueves, 26 de noviembre de 2009

Sospechando paredes afuera

en el blog de Junior Zapata encontré esta idea tirada como al voleo, y que me cayó más que bien. La comparto aquí, con quienes gusten leerla, o pueden, también, ver la versión original en este enlace.
A cargo de la Iglesia o a cargo del mundo
El otro día estaba predicando y se me salió un concepto que no había pensado antes.
Los cristianos estamos bien metidos en la Iglesia como que sólo ahí deberíamos estar, queremos atender la Iglesia. Queremos “edificarla”. La cosa es que Jesús dijo que El es quién edifica la Iglesia, que El es la cabeza de la Iglesia.
Nosotros, como cristianos hemos abandonado el mundo apartándonos por completo de la sociedad y la cultura que necesita “luz” y las hemos dejado en oscuridad porque toda la luz está adentro del “ghetto” cristiano.
Jesús, cuando se marchó, nos dejó “encarg
ado” el mundo; nos lo dejó a nosotros, no nos dejó a cargo de la Iglesia.
Pero hoy hemos revertido los papeles. Queremos hacernos cargo de la Iglesia y le hemos dejado el mundo a Jesús.
La Iglesia es la novia de Cristo, no se qué hacemos nosotros bailando tanto con ella! El mundo es nuestro, se nos dejó para visitarlo TODO y predicar el Evangelio. TODOS los cristianos deberíamos predicar (y no estoy hablando de pararse atrás de un púlpito a dar un discurso) con nuestras vidas día a día abordando el mundo que se nos dejó!

Creo que debemos de dejar que Jesús edifique la Iglesia y tomar nuestro lugar en el mundo siendo luz, siendo una ciudad encendida en un monte en una noche oscura.
Yo, yo ya no quiero brillar adentro, quiero brillar afuera.
“¡Señor, sácame!”
Léanme bien: NO ESTOY EN CONTRA DE LA IGLESIA, pero si estoy en contra de que vivamos sólo en, para y por la Iglesia. . . . . ¿y el mundo?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Qué tristeza.

En la página de la Fraternidad Teológica Latinoamiericana me entero de una noticia que me pega, que golpea. Por lo imprevisto y por lo dura. Es el fallecimiento de Caty Padilla. Así la conocíamos. No es este un espacio social que se dedique a estas cuestiones, pero no quería dejar de mencionar a esta mujer que enriqueció a muchos, entre los cuales, por gracia de Dios, nos encontramos Sandra y yo.
Una persona a la que quisimos muchísimo, respetamos más, y de quién aprendimos tantísimo por sus conocimientos y su ejemplo. Quién nos abrió a muchos las puertas de la “misión integral”, y nos hizo más sospechadores, y personas un poquito menos incompletas.


La Fundación Kairos difundió el siguiente comunicado
Con profundo dolor, la Fundación Kairós quiere informar a todos los amigos de la familia Padilla que el dia de hoy, 21 de noviembre del 2009, falleció Catalina Feser de Padilla.
Caty fue una madre ejemplar, una abuela cariñosa, una esposa más que idónea, y una rigurosa y fiel estudiosa y maestra de la Biblia.
Caty amaba a su familia, amaba a Dios y amaba
al pueblo de Dios. Manifestó ese amor de forma concreta y radical en un compromiso de solidaridad y generosidad hacia los más vulnerables.
Su vida y ministerio ha impactado no sólo a su familia y amigos más cercanos, sino a generaciones de pastores y siervos del pueblo de Dios en toda América Latina.
En cuanto lo arreglos para velorio y entierro se concreticen, compartiremos la información pertinente con ustedes.
Desde aquí sale un abrazo, y se quedan una gran pena y un enorme recuerdo

Sutilezas del Gabriel

Doce cuentos peregrinos
Gabriel García Márquez


Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. “Eres el único que no puede irse”, me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos.

Fragmento del Prólogo: “Por qué doce, por qué cuentos y por qué peregrinos”

Devolviendo Gentilezas

No soy muy asiduo a este intercambio de reconocimientos subjetivos. Suele ser un ícono que no tiene otro valor que el que uno mismo le de. Es el reconocimiento por parte de alguien que yo puedo amar o despreciar, y es esa actitud mía la que vuelve valiosa o baladí la estampa en cuestión. Finalmente es un premio que me doy a mi mismo ¿no?
Esta entrada, entonces, tiene que ver con ambas cuestiones. Por un lado tengo que agradecer a Ulises este regalito. Decidí sacar del fondo de un cajón, otro de estos regalitos que Ruth me había hecho hace un tiempo.
Estos son los "premios" que, de parte de ellos, recibí y agradezco.














Y, humildemente, me gustaría agasajar con este presente a ellos y a Safiro. Tres bogs que difieren de la temática y las características de éste, pero que constantemente visito y recomiendo.
Vaya entonces el premio del afecto a:
Ulises: Apocrifasia
Ruth: Éxodo: la llamada del desierto
Safiro: Safiro en Septiembre

Finalmente, ya que don Jorge Luis se hizo presente mediante los oficios del apócrifo colega, me pareció bien incluír un cuento (bastante conocido, y genial) en el que Borges adscribe a la idea que mencionaba líneas antes: el verdadero premio está en la valoración propia.

LA ROSA DE PARACELSO
De Quincey, Writings, XIII, 345

En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano. Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.
El maestro fue el primero que habló.
-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y qué deseas de mí?
-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-. Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.
Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.
Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:
-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.
-El oro no me importa -respondió el otro-. Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
-Pero, ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un Camino.
Hubo un silencio, y dijo el otro:
-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.
-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.
-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.
Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.
El muchacho elevó en el aire la rosa.
-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.
-Eres muy crédulo -dijo el maestro- No he menester de la credulidad; exijo la fe.
El otro insistió.
-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.
Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.
-Eres crédulo -dijo-. ¿Dices que soy capaz de destruirla?
-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.
-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada?
Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?
-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.
Paracelso se había puesto en pie.
-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?
-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.
-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.
-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?
Paracelso le miró con tristeza.
-El atanor está apagado -repitió-- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.
-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.
-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.
El discípulo dijo con frialdad:
-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa.
No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.
Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:
-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.
El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:
-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?
El otro replicó, tembloroso:
-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.
Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.
Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:
-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.
El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:
-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.
Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?
Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retornó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.

Jorge Luis Borges

martes, 17 de noviembre de 2009

Jaqueca existencial

Días y días
Ricardo Gondim
Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: "Padre, sálvame de esta hora"? – JesuCristo.
Hay días en que las palabras no se completan, las frases acaban con reticencias y los párrafos pierden sentido. Sentimos la punta de la melancolía oprimiendo el alma. La banalidad de la vida nos arremete luego de tocar el suelo con los pies sonámbulos.
Hay días en los que vemos el amanecer por la ventana y nos asfixiamos con el abandono de tiempo. Nos cepillamos los dientes, con la repetición de un movimiento circular, la misma rutina de décadas; vestimos una camisa que aún mantiene el olor caliente de la plancha; cadenciamos los pasos y no notamos el vaivén de la marea que nos devora de a poco.

Hay días en los que asumimos nuestra invalidez. Sabemos, sin jamás admitirlo que todos los esfuerzos son inútiles, todas las lágrimas innecesarias, todas las palabras, vanas. Sólo la inercia nos impulsa adelante. Obedecemos al deber de sobrevivir sin saber por qué.
Hay días en los que asentimos y la cabeza palpita - jaqueca existencial. Nos levantamos, los postes todavía iluminan las calles, pero no los apreciamos, no son capaces de clarear nuestra alma. Todos los sonidos parecen exagerados. Todos los colores, de mal gusto. Todos los gestos, los plásticos. Hemos perdido el sabor. Nos rehusamos a la distracción. Desechar los consejos. Preferimos el silencio. Buscamos el desierto.
En esos días, recordamos el color primordial, que nos llenó de afecto; el rostro dulce, que nos eligió únicos; la cuna de madera que nos protegió de las caídas.
En esos días, estamos atentos a la inclemente cronicidad de la existencia. Intuimos que sólo los soliloquios convierten la vaga y dulce tristeza en ‘saudade’. Sólo la soledad convierte la melancolía en nostalgia. Trágicos, aprendemos nuestra impotencia. Abatidos, abandonamos los fingimientos de nuestras coreografías mal ensayadas. Sedientos, ansiamos que Alguien nos de agua viva.

Soli Deo Gloria
Texto tomado del site de Ricardo Gondim

jueves, 12 de noviembre de 2009

Teologando entre sollozos II

Llego a este momento a preguntarme, como otras muchas veces, ¿cómo se hace para hacer teología hoy, aquí? ¿Cómo es la teología desde una sala de espera de Terapia Intensiva? ¿Cómo se piensa y se vive esta realidad desde el intento de encontrarle sentido en Dios?
No es necesario tener respuesta a estos interrogantes para encontrarse enredado en la maraña de significados y respuestas fallidas y provisorias. Esa teología cotidiana llega a uno, irrumpe en uno, con o sin la anuencia del interesado. Así la teología no es tanto el resultado de la reflexión (siempre deseable y más observable) sino el debatirse, munido de esperanza y fe, con esas dudas y respuestas tentativas que nos sorprenden con la guardia baja y sin apiadarse de nuestra desprotección.
El dolor, la ausencia, el sillón vacío, no tienen respuestas satisfactorias. No hay argumento que complazca nuestra búsqueda de sentido.
Pero, al menos, como consuelo, o como desahogo, nos queda un puñado de pretendidas claridades que decantaron de aquella visita a las penumbras.
Pretendo compartir alguna de esas perlitas que, todavía frescas en mí, no vienen a ser esclarecedoras de nada sino simples remanentes que quedan en los bolsillos para compartir con aquellos que nos acompañan a seguir peleándole al desánimo.

Se nos pierden cosas y se nos van personas. Y cuesta hacernos cargo de las realidades cambiantes. Del polvo venimos y en polvo nos convertiremos, expresa la sentencia bíblica. Pero la vida es -lo sabemos, lo comprobamos- algo más que una acumulación de polvo con identidad. El polvo es todo igual, pero una vida es una cantidad de fuerzas, y voluntad, y sabidurías, y azares, y capacidades, y anhelos, confluyendo en personas (que no casualmente, en su origen significa: máscaras). La vida es lo que hacemos en ese tiempo entre polvo y otra vez polvo. En ese paréntesis, como dice Benedetti.
¿Y qué hacemos con lo que perdimos y con los que ya no están? ¿Qué pasa con todas aquellas riquezas que se arremolinaron en esa vida y no en otra? ¿Dónde quedan cuando no tienen ya expresión? ¿Se hereda, se aprende, se contiene de alguna manera? ¿Qué rol juega Dios en todo esto? Será, pues, materia pendiente el seguir dialogando con las dudas y los esbozos de certidumbre, soñando con parir algún destello que nos haga retener todo lo valioso, lo aprendible y aprehendible de aquellos que se erigieron sobre su polvorienta naturaleza y nos sembraron la memoria de haceres y quereres.
Me dicen que con el tiempo uno se acostumbra, se conforma, y empieza a retomar su vida como fue antes de la pérdida. Me horroriza la idea de considerarme capaz de semejante canallada.

Teologando entre sollozos I

Cuando, en mis años de estudiante, leí a Agustín, a Tomás, a Calvino, a Küng (entre otros varios muchos que orillan una “estética” densa, ardua), decidí que la teología no era mi ámbito. Que nunca podría ni querría dedicarme a ciclópeas tareas como aquellas a las que estos caballeros entregaron larguísimos períodos de sus mejores años. Esta dimisión anticipada me elude la responsabilidad de una renuncia obligada por falta de capacidad para la tarea, como de todas maneras hubiera ocurrido con el transcurrir del tiempo.
Leyendo a Bonhoeffer, a Rubem Alves, a Orlando Costas (entre otros muchos que le rehuyen a la teología oscurantista), comprendí, mas tarde, que la teología es una tarea irrenunciable de todo cristiano. Sin la sistematización y rigor de otros, pero no se puede ser cristiano sin el intento constante y, por momentos desesperado, de compatibilizar las situaciones circundantes y cotidianas con la realidad de un Dios trascendente, a la vez que accesible; soberano y amistoso; eterno pero que murió por el mundo.
Así me senté muchas veces a la mesa de Lutero o Barth, Anselmo o Tillich, Jerónimo o Moltmann, para intentar dialogar con ellos y aprender a ver a Dios y como Dios, un poquito más, cada vez. Aprendí a convivir con una teología sin pretensiones pero que va articulando la historia personal como una columna vertebral de sentido y aspiraciones. Esa teología cotidiana que se dispara con preguntas inmediatas, con conflictos y alegrías de a pie, con dudas existenciales de lo más complejas y de lo más triviales.
Respeto, admiro, y me siento en deuda con los teólogos que elaboraron sistemas de pensamiento que enriquecen nuestra comprensión y nuestra búsqueda. Pero sigo prefiriendo dejarme sorprender por la teología, que me agarra mal parado a la vuelta de cualquier evento, para desnudar mis debilidades conceptuales, y mi pobreza de espíritu.

viernes, 16 de octubre de 2009

algún día podrán ser libres no sólo cuando cantan el himno y sabrán que ser pobre no es todo lo que se puede ser


En un cuento de Rodolfo Brascelli llamado “Señor Labruna”, el autor construye a un maestro rural instalado en Jujuy, bieeeeeeeeen lejos de Buenos Aires, o sea, bien lejos de todo. Este maestro establece un puente epistolar con un famoso jugador de fútbol al que todas las semanas le envía una carta, y a través del tiempo va construyendo una relación entre ambos. Y me queda muy presente una oración en la descripción que el maestro hace de tu tarea. Dice de esta manera:
“El sitio donde vivo no figura en el mapa. No hay pueblo alrededor de mi escuelita. Los niños vienen de casas dispersas que están a media hora, a una hora, a dos… Yo soy el maestro de los seis grados y cuando el tiempo permite que vengan todos son veintinueve los niños que se aquí se juntan. Más que nada les enseño a leer y escribir. Y después les enseño a comprender lo que leen. SABIENDO ESTO ALGÚN DÍA PODRÁN SER LIBRES NO SÓLO CUANDO CANTAN EL HIMNO Y SABRÁN QUE SER POBRE NO ES TODO LO QUE SE PUEDE SER”.
Una expresión muy antigua se refiere a “la fe de los conversos”. Alude al desmedido énfasis que pone al servicio de una causa o de una idea, aquel que ha descubierto esa instancia, nueva para él, como una revelación repentina. Aquel que, de repente, se encuentra con un universo que le exige ser considerado mediante la apreciación de nuevos parámetros, se encuentra, muchas veces, sobreactuando su convicción o sobreestimando su nueva comprensión de la realidad.
Digo esto porque encuentro en este tiempo una cantidad inusitada de militantes de una sola idea. De personas que se obnubilaron ante la comprensión de un concepto que les resultó novedoso, y abrazan posturas que no comprenden en su totalidad, o que, muy en el fondo, no comparten. Simplemente se ponen una camiseta circunstancial (política, religiosa, filosófica, etc) pero que no los representa. Y son capaces de matar o dejarse matar por una consigna, muchas veces vacía de sustento. Un slogan, una frase bien pronunciada, pero descolgada de una estructura que le de sentido real.
Retomando la cita de Brascelli, digo que va siendo hora que nos exijamos un poco más en nuestras posturas. Que avancemos de sólo mirar a dos metros de distancia y comencemos a elaborar posturas más abarcativas. En Latinoamérica venimos del exterminio de una generación de militantes, y del arrasamiento de las herramientas del progreso de los pueblos. Nos dejaron sin maestros y sin escuela. Aún así, la lucha desde tal inferioridad no nos exime de nuestra responsabilidad presente. Ya va siendo hora que abandonemos consignas que sólo funcionan para unos pocos sectores y en circunstancias poco probables. Así como la frase que originó este comentario reclama el aprendizaje como herramienta para superar a la pobreza como único destino, también necesitamos hoy, cada uno de nosotros, una mirada más profunda para comprender que tampoco feliz es lo único que se puede ser. O rico, o incluido, o winner, o salvo, o coherente, o…, o….
Va siendo hora de que aunemos ideas y esfuerzos en pro de ideales y situaciones que nos hagan libres (o lo que queramos ser) no sólo en un momento, o en un claustro, y no sólo para los incluidos, los iniciados, los de adentro del círculo ideológico*, sino para todos. Y que logremos valorar y enriquecer desde la participación o el debate, a las propuestas que promueven valores y objetivos diferentes a los nuestros, sin que necesitemos adscribir para reconocer al otro.
Ante la complejidad de la realidad y de la naturaleza humana y social, la enunciación de verdades absolutas concentradas en frases de barricada, denuncia ignorancia o perversidad.
Ojalá presenciemos en nosotros y nuestros compañeros de búsqueda y lucha, la elaboración de conceptos que nos ayuden a ser libres no sólo al cantar el himno, y nos inviten a creer y proponer que ser pobre no es todo lo que se puede ser.
Se lo debemos a esos chicos, y a nosotros mismos.

* Aquí, al referir a lo ideológico, incluyo a lo religioso.

sábado, 10 de octubre de 2009

del descubrimiento (¿?) de América

Alegórico a la fecha, me pareció interesante compartir este cuento en el que, con mucho humor e ironía, Leo Masliah nos traslada a algún momento y lugar que algo tiene que ver con el 12 de octubre.
NAVAJO
Yo ser indio navajo. Yo vivir lugar tranquilo hasta que hombre blanco venir. Todo comenzar así: navajo conjugar siempre verbos en infinitivo y así vivir en paz, sin presente ni futuro, sin Kant. Pero hombre blanco llegar y hablar mismo idioma que nosotros, castellano, pero hombre blanco empezar a conjugar verbos en modo indicativo y subjuntivo, y también implantar modo imperativo y ordenar nosotros retirar a reservaciones. En otros lugares hombre blanco hacer indio trabajar para él. Y pagar con caries dental. Y indio empezar a necesitar escarbadientes. Y hombre blanco decir que astilla de árbol no servir por no ser esterilizada. Y nosotros comprar escarbadientes a hombre blanco. Y pagar con oro y plata. Oro y plata ser nuestra caca, pero hombre blanco no saber y acuñar monedas con material, y pasar monedas de mano en mano. Y cuando casarse hombre blanco poner en dedo de novia y en suyo propio sendo anillo fecal. Esto acontecer en lo que hombre blanco llamar sur. Nosotros no hablar de sur porque pensar que extremos ser intercambiables, ya que como decir cacique Oreja Cortada el mundo ser un pañuelo.
Hombre blanco siempre poner cosas de un lado y cosas de otro, y muchas veces confundirlas. Gran cacique Oreja Cortada siempre decir que Van Gogh equivocarse de oreja cuando cortársela. Esto ser porque él estar alienado de tanto mirar sus cuadros, ya que izquierda del cuadro ser derecha de Van Gogh, y viceversa. Por misma razón ser que biblia de hombre blanco equivocarse al decir que
dios crear hombre a su imagen y semejanza, dios de hombre blanco crearlo a él desde fuera del mundo (ya que haber creado también mundo), y entonces para poder verlo a su imagen y semejanza haberlo creado con corazón a la izquierda, pero él tenerlo a la derecha. Además corazón de hombre blanco latir, pero corazón de dios de hombre blanco estar atrofiado, ya que él no necesitarlo para vivir. También pulmones de dios estar chiquitos y arrugados, ya que él no necesitar respirar. Dios de hombre blanco ser flaco y tener apariencia raquítica. Dios de hombre blanco crear niños de nordeste brasileño a su imagen y semejanza de como él verse en espejo. Pero yo divagar mucho. Yo empezar hablando de caries dental y terminar hablando de nordeste brasileño. Además yo acabar de emplear gerundio. Eso ser porque yo estar aculturado. Recibir mucha influencia de hombre blanco. Mi mujer querer que yo hacerle una peluca con cabellera arrancada a hombre blanco. Mi mujer querer parecerse a Juan Sebastián Bach. Y gran cacique Oreja Cortada criticarme también por llevar en cabeza escamas de pescado en lugar de plumas. Pero esto ser porque yo tener cruza. Mi padre ser navajo, pero mi madre ser cuchilla de cortar pescado. Cacique también decir que yo estar aculturado porque querer blanquearme la piel como Michael Jackson. Pero él no saber que yo hacer eso como táctica de camuflaje. Yo mimetizarme entre hombres blancos y con medio quilo de caca comprar apartamento en barrio residencial.
Entonces invitar hombres blancos a tomar licor, y cuando tenerlos alcoholizados traer cuchilla y arrancar
les cuero cabelludo. Luego yo sacar pelos al cuero y hacer artesanías con el. Vender trabajos en ferias artesanales donde hombre blanco comprar para adornar casa. Hombre blanco siempre necesitar aditivos para todo: necesitar collar para cuello, necesitar anillo para dedo, necesitar cuadros para paredes, necesitar colchón para cama, necesitar sábana para colchón, necesitar condimento para comida, necesitar edulcorante para café, necesitar impermeabilizante para techo, necesitar timbres postales para cartas, necesitar queso rallado para pastas, necesitar herradura para caballo, necesitar plumas para cabeza de indio. Cuando encontrar indio sin cabeza hombre blanco quedar desorientado porque no saber donde poner plumas.
Hombre blanco a veces criar gallinas, y zorro de hombre blanco comérselas. Indio ser más astuto: criar zorros y gallinas que venir no poder comérselos. Pero hombre blanco acabar por aniquilar navajo. Por eso yo ahora parar de hablar. Yo ya
no ser nada. Gran cacique Oreja Cortada ya habérmelo dicho muchas noches al mirar firmamento: pucha, no ser nada.
Leo Masliah

sábado, 3 de octubre de 2009

no pongas cara

El jueves pasado me avisó mi esposa que en la escuela a la que asisten nuestros hijos, invitaron a todos a participar de la marcha que ayer (un día después) se realizaba bajo el lema “Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia”. Al consultar a los chicos (los invitados a participar), no tenían la menor idea acerca de cuál era la consigna en cuestión, el propósito, o el sentido de tal movilización.
Escribo estas líneas un poco fastidiado con los slogans y la simulación constante a la que somos sometidos, y a la que nos sometemos.
Me molesta mucho la enunciación de acciones y propósitos, cuando en ellos todo lo que se busca es el mero gesto.
En esta convocatoria nadie procuró que mis hijos, y a través de ellos la familia toda, reflexionara, considerara, valorara, cuestión alguna. Ni siquiera se nos invitó a informarnos a través de los medios periodísticos que se están ocupando de la cuestión. Sólo se nos avisa, con menos de un día de anticipación, que estamos invitados a hacer algo que se precia de muy valioso e importante. Se supone que alguien pensó, que alguien ideó, y que ese alguien convocó y promovió esta acción. Y nos piden que compartamos la movilización sin interesarnos en lo más mínimo por todo el bagaje que da sentido y razón de ser a tal manifestación. Probablemente porque esa misma sea la actitud de quien a mí me invita. Se supone que estar ahí es adherir y hacer algo a favor de la paz y la no violencia. Pero la realidad es que la sola participación, ayuna de toda actitud crítica, no es más que alimentar otra faceta de sumisión y obsecuencia.
Yo quiero que todos participemos en las movilizaciones, las marchas, las convocatorias. Las considero muy valiosas. Pero necesitamos darle contenido sustancial. De lo contrario sólo estamos jugando “a que nos ocupamos de los temas importantes” cuando en realidad sólo estamos prestando nuestra cara, para comprar así un poco de afectado compromiso social.
Creo en los gestos y los símbolos que representan y señalan cuestiones más complejas y pesadas. Creo en el valor y la importancia de estas movilizaciones y actos, y creo en la necesidad de convocarnos y actuar por la paz y la no violencia. Pero creo, también, que la paz y la no violencia merecen un poco más de consideración de parte mía, y también de quién me convoca a participar de su propia simulación liberadora de conciencia.
Por favor: No me vendas consignas precocidas, recién retiradas de la góndola. No me impongas discursos que no entendés ni te interesan, con cara de preocupado.

viernes, 2 de octubre de 2009

sobre los miedos, de R Gondim

Mis miedos
Ricardo Gondim

"en el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor".
1 Juan 4.18
Fui un chico lleno de miedos. Me daba miedo quedarme en un cuarto a oscuras, ver el espejo a media noche, descubrirme con el alma apenada, pasar frente a un cementerio en la madrugada, oír el ladrón que robaba gallinas en la quinta, ver los restos de una macumba en la esquinas y tener pesadillas en los sueños. Siento que estoy cambiando.
Ya no tengo miedo al diablo y a sus demonios. Aprendí que ellos fueron derrotados en el Calvario y los evangelios mandan que no temamos a quien sólo puede matar el cuerpo.
Temo a mi corazón, al que todavía no conquisté. Continúo sorprendido de cómo él se fascina con el aplauso fácil del halago y con su veleidad ante las pasiones más irresponsables.
Ya no tengo miedo al tiempo, enemigo feroz que devora a todo y a todos. Descubrí que no podré apresarlo y que el me arrastrará irremediablemente hacia la cima de la muerte.
Temo no percibir, en el presente huidizo, la mirada suplicante del amigo; la sagrada reflexión donde no se reparte solo el pan; el día lluvioso para instar a la calma; la llenura de la alegría en el café caliente de la mañana.
Ya no tengo miedo a la oscuridad, a la manta nocturna en que se esconde la luz. Aprendí a convivir con las tinieblas en las diversas veces en que lloré en las Unidades de Terapia Intensiva de los hospitales, en los estúpidos velorios de adolescentes y en el silencio de Dios, escondido cuando le pedí un milagro.
Temo la falta de transparencia en el habla mansa del cínico, el oscuro oportunismo del amigo traicionero y la ceguera del intolerante.
Ya no tengo miedo de la violencia, residuo de nuestra naturaleza salvaje. La industria bélica no me amenaza, el rostro desteñido de los generales no me apabulla, el chantaje del alucinado terrorista no me intimida y los que se alegran en derramar sangre inocente no me hacen correr.
Temo a la complacencia del rico, la pusilanimidad del confortable, la indiferencia del lleno, el descanso del afortunado y el cinismo del experto. Ya no tengo miedo del infierno futuro, lugar medieval donde eternamente se castigan a los pecadores.
Temo al ambiente asfixiado de odio que transforma el lugar en una mazmorra; la conversación incriminante que destruyó la honra inocente; la deshumanización que aliena a los miserables y discrimina a los deficientes. Ya no tengo miedo a Dios, padre amoroso y comprensivo de mis innumerables limitaciones.
Temo a los ídolos crueles que creen en la lógica de la retribución, implacables como el drama humano; los dioses que creé y que creí suficientes para que me ayuden a guiar mi breve peregrinación por la vida.
No, no perdí mis miedos. Continúo temiendo, pero visitado por el amor de Dios, me deshago de los infantiles.

martes, 29 de septiembre de 2009

como un matrimonio... arreglado

Acabo de terminar de leer un libro de un autor que, una vez más, me inviata a pensar la fe cristiana de siempre, pero con ojos renovados, con ojos bien abiertos y dispuestos a ver muchas cosas que la gran mayoría de los escritores cristianos que leí en mis no pocos años de evangélico, ocultan o soslayan.
Estos párrafos que aquí les comparto no tienen que ver directamente con eso, pero me parecieron muy valiosos para que los lean y los disfruten.

En culturas de corte occidental, las personas tienden a casarse porque les atraen los encantos de alguien: una sonrisa fresca, buen testimonio, una figura agradable, capacidad atlética, atractivo personal. Con el tiempo, estas cualidades pueden cambiar, y los atributos físicos en especial se deterioran con la edad. Mientras tanto, salen a la superficie unas sorpresas inesperadas –descuido en la limpieza del hogar, ataques de depresión, diferencias en los apetitos sexuales– que interrumpen el romance. En cambio, los que se casan en un matrimonio concertado no centran sus relaciones alrededor de la tracción mutua. Después de la decisión de sus padres, usted acepta que va a vivir durante muchos años con una persona a la que apenas conoce. La pregunta central ya no es: “¿Con quién me debo casar?”, sino: “Teniendo en cuenta este cónyuge que tengo, ¿qué clase de matrimonio podemos construir entre los dos?”
A la relación con Dios se aplica un esquema parecido. No tengo control alguno sobre cualidades de Dios, como por ejemplo su invisibilidad. Dios es libre, y tiene una “personalidad” y unos rasgos que existen, me gusten o no. Tampoco tengo decisión alguna que tom
ar acerca de muchos de los detalles de mi propia persona: mis rasgos faciales y mi pelo crespo incontrolable, mis incapacidades y limitaciones, diversos aspectos de mi personalidad o mi procedencia familiar. Si utilizo el enfoque romántico del occidente, me puede disgustar esta o aquella cualidad de Dios, y puedo llegar a desear que él controle al mundo de diferente forma. Le puedo exigir que cambie mis circunstancias antes de entregarle mi vida. O puedo utilizar un enfoque muy distinto. Puedo aceptarlo con humildad tal como él se ha revelado en Jesús, y aceptarme también a mí mismo, con todos mis defectos, como la persona escogida por Dios. No me aparezco con una lista de exigencias que debe satisfacer antes que yo haga el voto. Como los cónyuges en un matrimonio concertado, me comprometo previamente con Dios, pase lo que pase.
La fe significa hacer un voto “para bien o para mal, en riqueza o en pobreza, en enfermedad y en salud” de amar a Dios y aferrarse a él, pase lo que pase. Por supuesto, esto significa un riesgo, porque podría descubrir que aquello que Dios me pide entra en conflicto con mis apetitos egoístas. Felizmente, el espíritu del matrimoni
o concertado funciona en ambos sentidos: Dios también hace un compromiso previo conmigo, prometiéndome un futuro y una vida eterna que van a redimir las circunstancias con las cuales lucho ahora. Él no me acepta con condiciones, a partir de mi actuación, sino que me concede su amor y su perdón gratuitamente, y a pesar de mis innumerables fracasos.
Hay quienes tienen la esperanza de que la vida con Dios sea una solución a sus problemas, y escogen a Dios como podrían haber escogido un cónyuge en una cultura de amor romántico: para buscar unos resultados apetecibles. Esperan que Dios les traig
a buenas cosas, diezman porque creen que el dinero les regresará multiplicado por diez, tratan de vivir rectamente con la esperanza de que Dios los prospere. Cualquiera que sea su problema –el desempleo, un hijo con retraso, un matrimonio que se derrumba, una pierna amputada, una cara fea– esperan que Dios intervenga a favor de ellos consiguiéndoles un trabajo, remendando su matrimonio y curando al hijo con retraso, la pierna amputada, y la cara fea. Sin embargo, como ya sabemos, la vida no siempre tiene unos finales tan maravillosos. En realidad, hay países en los cuales el que una persona se haga cristiana le garantiza el desempleo, el rechazo de su familia, el odio de la sociedad, e incluso el encarcelamiento.
[…]
(…) me pongo a recorrer la librería cristiana de mi localidad, donde encuentro anaqueles enteros de libros que me dicen cómo salvar mi matrimonio, criar hijos piadosos, experimentar las bendiciones de Dios, resistir ante las tentaciones o hallar la felicidad. Cada año aparecen más libros de este tipo, y cada año crece la necesidad que hay de ellos. Si un libro pudiera realmente salvar un matrimon
io, los porcentajes de divorcios se deberían estar reduciendo entre los cristianos que compran libros, tendencia que aún no he podido observar. Igualmente, la relación con Dios exige algo más que el simple enfoque de resolver sus problemas.

PHILIP YANCEY, pag. 294-296
Alcanzando al Dios Invisible, Editorial Vida, 2004
Capítulo Veintidós: Un matrimonio concertado

domingo, 27 de septiembre de 2009

Relaciones

De tanto andar choreando citas por ahí, ya ni me acuerdo de dónde copié esta cita que hoy comparto.

Cuando le preguntaban a Martin Buber - el gran filósofo y teólogo judío - "¿Dónde está Dios?", él era los suficientemente astuto como para no dar respuestas estereotipadas como: Dios está en todas partes, Dios está en las iglesias o en las sinagogas. Buber respondía que Dios está en los relacionamientos.
Dios no se encuentra en las personas, sino entre las personas.
Cuando dos personas están verdaderamente en sintonía una con otra, Dios se aproxima y llena el espacio entre ellas para que
queden unidas. Tanto el amor como la verdadera amistad son algo más que sólo una forma de saber que somos importantes para alguien.
Son una manera de llevar a Dios a un mundo que, de otro modo, sería un valle de egoísmo y soledad.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Terriblemente ocupado

Ya que últimamente no ando muy prolífico de ideas, decidí actualizar el blog recurriendo a un ingenioso anónimo que me da una gran mano:

viernes, 18 de septiembre de 2009

del rock puro y sin mácula

Dijo Peter Townshend, del legendario The Who:
" si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal, pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll "
¿no nos habremos equivocado de fe?
¿por qué todos los que creemos en el cristianismo como el ámbito natural de esta consigna que Townshend atribuye al roc
k, lo hallamos en la Biblia, en la vida y la enseñanza de Jesús, en Dios mismo, pero nos chocamos con una iglesia que abiertamente toma una opción por la comodidad, por el statu quo, por el no compromiso, por el jodido ‘equilibrio’ –eufemismo para enmascarar el miedo a comprometerse con ALGO–?
El “profeta” Peter nos guía hacia una manera de sentir y entender la realidad, más comprometida con la vida. En muchos casos esa es la búsqueda del rock. Pero siempre, siempre, es la propuesta del Señor de la vida, y debería serlo de su iglesia, de sus seguidores, de los que osamos llamarnos
sus discípulos.
Algunas veces me canso un poco de tener que dar cuenta una y otra vez de la lucha y la resistencia que desde la fe uno pretende oponer al progreso del mal, la mentira, la trampa, la injusticia. Por supuesto que esa resistencia nunca es “pura” o “ascética”. Siempre está teñida de ideología, de esperanzas, de egoísmos, de vanidades. Por supuesto que uno siempre está expuesto a ser malinterpretado por los superficiales, usado por los malintencionados, o atacado por los pragmáticos egoístas. Pero no menos teñida, de las mismas circunstancias, están el miedo, la parálisis, la ‘corrección’ de los que prefieren mantener
sus enormes sentaderas aferradas a los bancos de su comodidad, antes que meter la pata por saltar a favor de una víctima.
Desde el discurso hipócrita del miedo a cometer errores se justifica el patético rostro de una hato de miedosos que terminamos viviendo equivocados. Probablemente, si erráramos un poco más, no viviríamos tan errados.
Dibuje, maestro:
Focusing on nowhere / investigating miles
I'm a seeker / I'm a really desperate man
I won't get to get what I'm after / till the day I die
fragmento de The Seeker





lunes, 14 de septiembre de 2009

Barriletes

El pasado fin de semana nuestra localidad vio su cielo pintadito de colores merced a las virtudes de la barrileteada que aquí tuvo lugar. Un concurso en el que la invitación era a construir el barrilete propio y sumarse el sábado por la tarde a remontarlo, junto con todos los que se engancharan con la propuesta.
Un día espléndido. Muchos chicos. Muchas risas. Algunas corridas y contratiempos. Memorable.
Septiembre es un mes ventoso, aquí, en e
stas tierras del sur de nuestro malherido planeta. Y, por tal motivo, es el mes de los barriletes, al menos en Argentina. Y el cielo se pinta de manchas hexagonales, triangulares, amorfas, fosforescentes, policromáticas, caóticas, preciosas…
Esta jornada de diseños y colores me condujo a estas acerca de la mecánica de funcionamiento del barrilete.
¿Cómo funciona un barrilete? ¿Por qué funciona? ¿Qué lo hace andar y remontar, y elevarse, y permanecer allá arriba astro doméstico? La resistencia. La oposición. La fuerza que tira de él, que le propone rumbos
resistidos por quién, en la otra punta del hilo, lo mantiene dependiente de su propósito y voluntad.
Lo que hace que el barrilete sirva, que funcione como tal (al menos el modelo de barrilete que nosotros manejamos), es el viento –que, cuanto mas recio, mejor–, y la resistencia. Un panel liviano, resistiendo a l
a fuerza del viento. Una voluntad que desde un hilo se niega a que aquel panel se deje llevar por la corriente. Y el panel erguido, con una estructura más o menos consistente que le da forma y estabilidad, desde el aire, permaneciendo, aguantando el embate.
Algún descuido en la confección resulta fata
l, o limitante, para el barrilete. Si su estructura es muy pesada, no se va a levantar a menos que haya viento muy fuerte. Si los hilos no están bien calibrados no va a tener estabilidad en el aire. Si la estructura no es sólida el viento lo puede quebrar. Detalles que parecen menores, pero que en medio de la lucha de ese panel contra el viento, se ponen a prueba y son escrutados con total severidad. El color, la forma, los accesorios, resultan atractivos a la vista, pero no influyen a la hora de comprobar la validez de ese vuelo, de esa resistencia, de ese testimonio de oposición y voluntad.
El barrilete existe porque hay viento. La resistencia a seguir la corriente, la identidad y la individualidad, la búsqueda deliberada de evitar la repetición de lo aquello a lo que la mayoría se suma, no niega, no debe negar, la existencia y la validez de esa situación, de esa corriente. Es esa corriente la que mantiene mi barrilete en alto, y la que me reclama una estructura firme y una aplicación pertinente a esa realidad.
Mi resistencia a dejarme llevar por la corriente, a oponerme a la que todos quieren o esperan de mi, vale en función de una propuesta que mejore o que invalide lo ya existente. Que vaya más allá en el alcance de su respuesta, de su eficacia, o de sus posibilidades. Y vale si considero de m
anera constante, crítica y creativa, la estructura de mi posición, la firmeza, la consistencia, más que vistosa u original, válida y superadora, de mi postura.

esa imágen la tomé de este enlace

A propósito de barriletes y de esa imágen... ¿escuchaste a Divididos haciendo Spaghetti del Rock?

martes, 8 de septiembre de 2009

Cosechando en la recorrida

Recorriendo la web (o "webiando" diría alguno), encontré unas líneas que me parecieron muy valiosas para compartir. No es necesario estar de acuerdo, pero es lo necesariamente impactante como para hacernos pensar en el asunto. Se puede ver la cita original aquí. Es un blog cuyo autor no conozco, pero no quería dejar de compartilo.
Adoración Extravagante
En un congreso misionero una banda de adoración comenzó con un mover extravagante y en pocos minutos la presencia de Dios se hizo presente en aquel lugar. El líder que había hecho la invitación al predicador se pone serio y le hace un pedido al pastor: “por favor, ¿habría una manera de que usted abreviara su mensaje, porque aquí tenemos una presencia de Dios muy grande, podría predicar unos 10 minutos? El pastor le contesta que sí. Terminando la última canción el líder de alabanza llama al pastor. El pastor comienza a predicar:
¿Cuántos aquí vieron algo sobre el atentado que mató a varios soldados norteamericanos? (Todo el mundo levantó la mano)
¿Cuántos aquí oraron por las familias de esos soldados que murieron? (La mayoría levantó la mano)
¿Cuántos aquí vieron que miles de musulmanes murieron en ese mismo atentado? (Todo el mundo levantó la mano)
¿Cuántos aquí oraron por las familias de esos musulmanes? (Nadie levantó la mano)
Concluyó diciendo:
Ustedes son más norteamericanos que cristianos. Pueden terminar con la alabanza.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Algunas intuiciones sobre la religión

Ricardo Gondim es un creyente brasileño al que hace tiempo sigo a través de su site www.ricardogondim.com.br. Aunque es muchas otras cosas no todo se puede afirmar categóricamente acerca de él ya que es teólogo, pensador, pastor, abuelo, deportista, lector, marido, amigo, indagador, y muchas otras cosas más allá de sus títulos académicos, oficinas asignadas, o marbetes impuestos.
Sus pensamientos son siempre desafiantes en los mejores sentidos. Nos inquietan y nos impulsan a ir por más. Cuestionan, pero
desde la proximidad, desde la cercanía que provoca un amigo que nos quiere bien. Del tío querido que en una sobremesa te enseña y te abraza sin ponerse en un pedestal, sentado en la silla petisa de la cocina. Nos pasea por la fe, la familia, la nación, la política, la filosofía, los afectos, la iglesia, las emociones, la vida. Nos acompaña (sin saberlo) en esta sospecha que aquí intentamos.
Pues bien, hace unos días publicó unas líneas en las que cerraba un pequeño epistolario que mantenía con un lector suyo. Y me impresionó la breve lista de tres aseveraciones que aventura, y que no me resistí al deseo de compartirlas en este rincón.
  • Dentro del ámbito religioso la verdad es mucho más sentimental de lo que nos imaginamos. Las personas realmente se aferran a las creencias debido a lazos familiares, culturales y afectuosos. Filtramos nuestras creencias con nuestros gustos y desagrados. La historia de cada uno consolida su fe. La cuna, nido primordial, produce cátedras. El regazo materno, génesis de la seguridad existencial, genera tendencias que sedimentan las creencias. Ningún argumento consigue desplazar presupuestos emocionales. Nadie abandona el piso que le brinda apoyo emocional, convencido por un razonamiento lógico.
  • La religión no sobrevive de verdades, sino de redes de significado. Cuando la doctrina y la vida chocan, adivine ¿quién pierde? Yo respondo: la doctrina. Las afirmaciones categóricas de la religión son explicadas, moldeadas y adaptadas ante las contingencias existenciales. Las tragedias exigen que las doctrinas sean resignificadas para encontrar una explicación que salve de la locura. En momentos críticos, todas las personas se sienten libres de ser paradójicas, ambiguas y contradictorias. Por lo tanto, usted y yo responderemos a las dificultades con contenidos íntimos; contenidos que elaboramos y que forman nuestra red de sentido. Los tratados de teología, las clases de catecismo y los credos sirven para disputas de escuela dominical, para seminaristas enceguecidos y para el pastor que se considera guardián del templo. En el momento en que se necesite combatir la desgracia, las personas no dudan en buscar refranes, supersticiones, y hasta creencias populares. Ya se ha dicho que “no hay ateos en las trincheras”, pero me gustaría añadir: “ni creyente ortodoxo”.
  • Sólo ahondamos en aquello que nos importa. Cuando la agenda no encaja, los ojos se deslizan sobre las palabras y sobran los bostezos. No, no lo culpo, ni siquiera lo apunto. Solamente certifico. Usted no mostró ningún interés real, porque nos devoramos lo que amamos, profundizamos en lo que nos intriga.


miércoles, 2 de septiembre de 2009

De la última cumbre de UNASUR

Días atrás tuvo lugar en la argentina ciudad de Bariloche una nueva reunión del organismo denominado UNASUR cuya sigla responde a la Unión de Naciones Sudamericanas. El punto de la discordia estaba referido a la supuesta instalación, o utilización como propia, de 7 bases militares de Estados Unidos en territorio Colombiano. Por supuesto que la tonalidad del encuentro se deslizó entre la condena más absoluta y la solicitud de indulgencia. Por un lado estaban los que pretendían que se emitiera un documento oficial condenando el intento y exigiendo el retiro de cualquier incursión en este sentido, y por otro lado estaban los que intentaban explicar que de ninguna manera se trataba de la incursión de tropas en territorio sudamericano.
La discusión fue subiendo de tono, y en un momento del encuentro el representante de Estados Unidos acercó a todos los presidentes una copia de los términos del acuerdo de cooperación entre Colombia y aquel país. Junto con esto el presidente colombiano Álvaro Uribe afirmaba categóric
amente el carácter inofensivo de esta colaboración, y el compromiso de su país de no permitir ninguna acción que no contara con el consenso del organismo allí reunido.
La discusión continuó, hasta el fin de la jornada, en los mismos términos.
¿Qué quiero señalar con esto?
Resulta bastante evidente, como también llamativo y alarmante, la sensación de la falta absoluta de credibilidad. El presidente de un país compromete su propia palabra y es lo mismo que nada. Nadie la cre
e. El representante de otro país ofrece un documento escrito, oficial, rubricado… y nadie le cree. Ni la palabra de un mandatario, ni la documentación oficial posee ya valor alguno. Todos tienen la sospecha, o la velada certeza, que ningún involucrado tendrá el menor prurito en hacer a un lado todos los compromisos asumidos, los documentos firmados, la palabra empeñada, la imagen y el prestigio comprometido, en el momento en que la conveniencia inmediata así lo recomiende.
“Ya no se puede creer en nada”, decían las viejas.
Por lo visto, en la palabra del principal mandatario de una nación y en los documentos oficiales, no.
Tal vez deberíamos empezar repartiendo,
en los próximos encuentros del UNASUR, estas apropiadas remeras del inefable Dr House:

lunes, 31 de agosto de 2009

Del que nos manda a estudiar

El sábado por la mañana, mientras preparaba algunas otras cosas, sobrellevaba el día entre el trabajo, el mate y la radio (infaltables compañeros). En el programa que escuchaba, estaba haciendo un poco de música el bajista uruguayo Daniel Maza (altamente recomendable), que, a la vez, era entrevistado por el conductor. De forma muy amena, entremezclaban charla con música produciendo un clima delicioso. En un momento de la conversación, el músico contó algo que me causó mucha gracia pero resume una situación muy real. Dijo, más o menos, lo siguiente (intentaré reproducirlo lo más fielmente que mi memoria me permita):
“En el barrio, a los más duros para la música, nos mandaban a tocar el bajo. Entonces te decían: ‘tocá acá; tum tum… tum; y ahora acá: tum tum… tum; y ahora: tum… tum’. Y así empezamos. Después vino Pastorius y tuvimos que ir todos a estudiar”.
Este relato risueño nos describe el impacto que Jaco Pastorius produjo en la interpretación del bajo eléctrico. ¿Qué hizo Pastorius? En primer lugar es un intérprete prodigioso. Y una de las cosas que hizo fue ‘retomar’ una característica antigua de instrumentos similares. Al bajo eléctrico le quitó los trastes. Con esto consiguió más pureza en el sonido (eliminando roces y zumbidos) y un matiz mayor en la posibilidad de cada notas. Sin embargo, la ausencia de los casilleros en el mástil del instrumento, demanda una capacidad técnica mucho mayor por parte del intérprete.
Esto no es una lección de música, ni una clase de bajo eléctrico (si intentara serlo sería pésima). Lo que pretendo resaltar es la mecánica del impacto de Pastorius. No inventó nada, a excepción de un estilo personal de interpretación. Pero retomó elementos ya existentes en la historia del propio instrumento, y los incorporó a la tecnología y la técnica contemporánea.
No pretendo en estas líneas otra cosa que resaltar y valorar la mirada retrospectiva pero desde la autoridad, desde el conocimiento, desde la capacidad, el respeto, la creatividad. Hay quienes tienen la habilidad y el rigor de mirar hacia atrás sin ponderarlo todo ni descalificarlo a la ligera. Y son muchas de esas personas quienes nos desafían, quienes exigen lo mejor de nuestra tensión y atención para comprender e intentar seguirlos. Muchas veces esta exigencia evidencia nuestra incompetencia en actitud, capacidad o conocimiento. Pero celebro, humildemente, a los ‘Pastorius’ que, desde vastos ámbitos nos desafían, nos cuestionan, y nos mandan a estudiar.
Y, ya que estamos, nos castigamos un poquito con unos minutos de este “monstruo” del bajo:

video