el original podes encontarlo aqui
viernes, 25 de abril de 2014
jueves, 2 de enero de 2014
no esta mal, para empezar
Feliz Año Nuevo
Tengo
un amigo que me enseño que “Dios es bueno y sabe amar”. De hecho, amar es un
arte. La mayoría de nosotros tiene “un modo medio entupido de ser y de decir
cosas que pueden lastimar”. Saber amar implica saber hablar y saber oír, estar
presente sin ser invasivo, aconsejar respetando la autonomía, socorrer sin
generar dependencia, suplir sin quitar responsabilidad, decir “no” sin precisar
explicar y decir “si” cuando es necesario en vez de cada vez que se quiere,
revelar verdades sin partir defectos, fomentar virtudes sin esconder las
faltas. Saber amar exige abnegación sin expectativa de retribución, donación
sin cobrar recompensa, generosidad sacrificial y disposición para el perdón setenta
veces siete. Amar es también generar condiciones para que la persona amada se asuma
y aprenda a amarse a si misma, perciba sus limites sin volverse cautiva de la vergüenza.
Amar es dar lo mejor que tenemos y de lo que somos en beneficio de la persona
amada. Amar es abrir la ventana para que el pájaro vuele libre y la golondrina
vuele feliz.
Todo
eso te deseo en 2014.
Que
experimentes la precisión del escandaloso amor de Dios. Y crezcas en el
maravilloso arte de amar.
Ed
Rene Kivitz
sábado, 14 de diciembre de 2013
intento navideño, version 2013
La navidad no es
solamente la historia del bebe en el pesebre. No se trata tan solo de los Reyes
y la estrella…
Es, sobre todas las cosas, la más
increíble historia de amor. Es la definición de Dios acerca de lo que es el amor, de cómo se vive y se
ejercita, fehacientemente, el amor.
Amor
que no pasa por campanitas y mariposas en el estomago, y que va mas allá de canciones pegadizas sobre sensaciones placenteras;
el amor es entrega, es despojarse a uno mismo y exponerse. Es dar dándose, para
que el otro alcance lo que no podría sin esa entrega. Y eso es la navidad que
celebramos en estos días.
El
regalo de la Navidad es la celebración de que Jesús viene al mundo a hacer
posible nuestra reconciliación con Dios, pero además nos enseña y nos guía en
un camino diferente: el camino del amor. Así lo enseña el Evangelio de Juan 15.13:
“Esta es la mejor manera de amar, expongan su vida por sus amigos”.
Las
relaciones y los compromisos, en nuestro tiempo, son cada vez más y más
débiles. Cada vez se hace más difícil depositar nuestra confianza en otras
personas. Incluso los que se supone que deben ser aquellos con quienes podemos
contar, en quienes descansar y fiar, cada vez son menos confiables. Los grupos
de amigos parecen basarse cada vez más en el interés y no en la entrega. Los
matrimonios (o mejor, deberíamos decir: las parejas) se forman más pensando en
los beneficios a obtener de la relación
antes que en lo que puedo aportar a un proyecto en común. Más pensando en
recibir, alcanzar, adquirir de otros que en contener, en dar y brindarse.
Entonces, cuando ya no recibo lo que necesito, o lo que quiero, allí se termina
la relación. La relación con un socio, con un amigo, con una pareja, o incluso
con una familia entera. Esa es la cara que va adoptando, cada vez más, el mundo
de las relaciones.
Contrariamente
al individua-lismo de nuestro tiempo, hay un mensaje que nos habla de un amor profundamente
diferente. Un amor que se manifiesta, principalmente, en las relaciones. En las
relaciones entre los amigos, en las relaciones con la familia, en el esfuerzo
conjunto y solidario… allí se manifiesta este amor.
Navidad
es un mensaje profundamente ligado a nuestro compromiso con las personas, a
nuestras relaciones. El amor de Dios, su compromiso y su entrega nos marcó un
camino. Él vino y se puso en nuestro lugar. Asumió nuestra condición. Estuvo
dispuesto a perder, para estar conmigo y para que yo pueda alcanzar una relación
profunda y cabal con Dios, con los demás y conmigo mismo.
La
navidad nos muestra a un Dios que en lugar de declarar su amor desde los cielos
muestra su amor al comprometerse. Que viene a habitar con los hombres y a ser
uno como nosotros y con nosotros. Y ese amor se hace
presente y se manifiesta no tanto en los templos y en las ceremonias, sino en
las relaciones. En el compromiso real y jugado con otras personas concretas, en
situaciones reales.
En estos días todos nos saludamos, nos abrazamos,
brindamos, y nos deseamos una feliz navidad y buen año nuevo. Pero el nuevo año
solamente va a ser feliz, en la medida que estemos abiertos a invertir tiempo,
esfuerzo, pilas, para construir nuestras relaciones. A dedicarnos a mirar al
otro como alguien digno de atención y respeto.
Cuanto
más próximos estemos a las personas, más capaces seremos de percibir la
dimensión del amor de Dios manifestado en la persona, la obra y los consejos de
Jesucristo, nuestro señor. Acerquémonos a Dios para vivir su salvación en
nuestras vidas, esa salvación que apunta a una eternidad celestial pero que nos
acerca la capacidad y el desafío de amar verdaderamente.
Para
alcanzar el compromiso, la entrega, la solidaridad… el amor que Dios propone para nuestras vidas y la de nuestra
comunidad.
Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios.
Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de
hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno
pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las
profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del
amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.
Romanos
8:38, 39
lunes, 2 de diciembre de 2013
Metáfora berreta, al paso
Anoche, cuando todos nos fuimos a
dormir, mi hijo Andrés (extraordinariamente para sus hábitos) se quedo levantado
ordenando el comedor. Con algo de ruido, bastante de paciencia, y mucho más de
amor, esta mañana nos despertó con un ambiente inesperadamente mejorado,
respecto al que habíamos dejado la noche anterior.
Después de la alegría y el
deslumbramiento inicial descubro un rincón en el que me encuentro con un
conjunto de elementos apilados bajo la consigna “cosas de PAPá”
Pero también Dios nos deja ese
cartelito: “Yo trabajé, yo acomodé, yo hice mucho de lo que vos no podías
hacer. Pero aquí te dejo una pilita de cosas con las que solamente vos vas a
tener que lidiar. ¿Qué vas a hacer con esto?”
¡Porque para siempre es su
misericordia!!!!!!
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enunciados caprichosos,
Herejías Lubinescas
sábado, 30 de noviembre de 2013
el "heretico" RG, de vuelta al ataque
Aquí viene
una traducción no autorizada de un texto usurpado (aunque de acceso público) y
que invita a la “transformación por medio de la renovación de nuestro
entendimiento”.
LA FE QUE MERECE MORIR
Ricardo
Gondim
Sentado en la
cuarta hilera de un auditorio colmado, oí a un predicador cautivar a cerca de
mil personas. La oratoria carismática extasiaba la sala. A contramano del frenesí,
yo repetía un sonoro “NO” a la lógica que sustentaba el discurso; me decía a mi
mismo: Ya no comulgo con los mismos supuestos que este caballero. Permanecí
callado, obviamente (suficiente tengo con las controversias en las que me vi
envuelto). Me niego, en tanto, a evadir dudas con cinismo. Escribo ahora para
huir de cualquier inconsecuencia sobre la fe. Siento la urgencia de reaccionar
a lo que oí aquel día. Si no lo hiciera, corro el riesgo de endurecer mi
espiritualidad.
Lo admito,
algunas intuiciones mías sobre teología todavía están verdes –aunque no sé si
deseo que maduren. Me conformo con el poco sentido que mis pensamientos
producen. Permanezco resuelto en continuar en la procura de la verdad. Descubrí
un nuevo eje. Él me puede hacer abandonar
piedras que tome, otrora, por pepitas de oro. ¿Qué eje fue ese? ¿Qué es
lo que abandoné?
1. No consigo
mas creer en el Dios de allá arriba o de allá afuera. Una divinidad distante,
inmóvil, y que precisa de plegarias verdaderas para moverse, no merece mi
atención. La concepción metafísica de un Dios, que en el lenguaje de
Bonhoeffer, funciona ex machina, genera idolatría. Oración, plegaria o rezo con fuerza de mover
el brazo de Dios le daría omnipotencia al fiel –ya que el consigue sacar a la
divinidad de su apatía. La espiritualidad que restringe la divinidad a un
proveedor celestial, que vive allá arriba o allá afuera, y al que se puede
acceder por medio de la fe, crea un sistema religioso grosero. Es uno de los
motivos de Nietzche para denunciar a los cristianos. Quien pretende mover a
Dios en su beneficio no pasa de ser un interesado, un egoísta y un cobarde. La
caricatura de un Dios mágico, supremamente útil cuando la vida aprieta, no pasa
de ser un ídolo. Llegó la hora de acabar con esa divinidad-sujetadora
universal, el Dios de los beneficios territoriales y que, arbitrariamente distribuye
su favor. El punto neurálgico que toca la espiritualidad del siglo XXI, no es
tanto el ateismo como la idolatría.
2. No consigo
mas creer que los milagros sean premios para el privilegio de pocos. Dios jamás
podría comportarse como un intervensionista de micro realidades, resolviendo menudencias.
¿Cómo entender un gerenciador cósmico que no desbarata el ejército organizado
por un dictador? La noción de la divinidad movida por una voluntad permisiva y
cruel. No tiene sentido que él ayude a los suyos y haga la vista gorda a las
multinacionales que lucran con remedios que podrían salvar vidas. El
encadenamiento de la historia propuesto por la teología clásica implica la
aceptación tácita de una razón eterna por detrás de todo. Forajidos como Idi
Amin, Pinochet, Stalin y Bush cooperarían con el eterno propósito de Dios. De
ahí Dostoievski pone en boca de Iván toda la indignación contra tal divinidad.
Dios tendría que cerrar los ojos, selectivamente, hacia el sufrimiento de los
niños. Después de describir el suplicio de una niña de cinco años que los
padres azotaban y maltrataban sin razón y que tenía el cuerpo cubierto de
moretones, Iván remata: “Toda la ciencia del mundo no vale las lágrimas de los
niños. No hablo del sufrimiento de los adultos. Ellos comieron del fruto
prohibido, ¡que el diablo los lleve! ¡Pero los niños!”
La gran mayoría
de los evangélicos latinoamericanos cree que Dios abre puertas de empleos,
ayuda a resolver causas en la justicia, realiza casamientos, pero no se
interesa en terminar con la malaria o con el HIV. Ronaldo Muñoz afirma en su
excelente libro, El Dios de los cristianos:
Ya no podemos, a la hora de razonar, entender a Dios como el gran relojero del mundo, que en el principio construyó su máquina y la dejó andar por los siglos con su lógica exacta e inexorable. Ya no podemos, tampoco, relacionarnos con Dios en nuestra vida como si él fuera el alma rectora del mundo, como si fuera el conductor sentado al volante del cosmos, responsable directo por los procesos y fenómenos del mundo y de cada accidente de nuestra vida, como si fuese el único que realmente crea y maneja los hilos, y todo el resto –inclusive nosotros– no sea sino “objeto” suyo e instrumento de sus planes.
4. No consigo
más creer que la función primordial de la religión sea abrir acceso a lo sobrenatural
para tornar la vida menos sufrida. La idea común entre cristianos intenta hacer
de la religión un medio para controlar el futuro. Para muchos la fe precisa ser
preventiva. Acreditan como verdad que los verdaderos adoradores se anticipan a
los percances de la vida. Afirman que los hijos de Dios preveen –y anulan–
accidentes; enfermedades o cualquier otro problema existencial. Concuerdo con
Pulo Roberto Gomes en su obra El Dios Im-potente (Loyola): “La fe cristiana no
niega el dolor, como el estoicismo; no se resigna, como el masoquismo; no abraza
lo irremediable. Lo combate y procura darle sentido positivo a la Luz de Cristo”.
Yo también acepto la fe como apuesta. Fe que no huye de la batalla, encara el
drama de vivir e incita al coraje.
5. No consigo
mas creer en determinismo, fatalismo, karma, destino, oráculo, maktub. Después
de leer y releer Eclesiastés en la Biblia, dejé de concebir un cosmos preciso y
puntual como reloj de cuarzo. Dios creó el mundo con espacio para
contingencias. Sin ese espacio, no seria posible la libertad humana. No abogo
la pura aleatoriedad, todavía. Creo en un punto intermedio entre determinismo y
absoluta casualidad. En ese intersticio, reside el arbitrio humano. Entiendo la
libertad como vocación, nunca como don: mujeres y hombres reciben el propósito del
Creador y se empeñan en construir, responsablemente, la historia. El porvenir
no esta listo. La historia no fue preescrita. Recibir al Dios predestinador no
se resume a aceptar el atributo de omnipotencia. Significa admitir que en la
voluntad soberana no sobra espacio ninguno para la iniciativa creadora y para
la auténtica responsabilidad. Un Dios de designios inmutables reduciría todo y
todos a meros instrumentos suyos –más o menos concientes. Si él es el único
autor y exclusivo protagonista del drama humano, el solitario conductor de la
historia, los hombres y mujeres no pasan de peones en un vasto tablero de
ajedrez.
Lo reconozco,
puedo asustar, pero no voy a recular. Prefiero tornarme una metamorfosis
ambulante. Es mejor no tener una opinión formada sobre todo. La constante
fluidez de existir exige de mí una verdad pegajosa, nunca cristalizada como la
del predicador que me inquietó –y que niego aquí. Ansío esa verdad. Ella se da
en el camino. Por eso prosigo.
Soli Deo
Gloria
tomado de este enlace
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sospechando
jueves, 29 de agosto de 2013
La iglesia es fea
El siguiente es solamente un fragmento del capítulo llamado “Realidad
y posibilidades de la iglesia” del libro titulado “Trazos”, escrito por Elsie
Romanenghi de Powell y publicado por Ediciones Crecimiento Cristiano en Marzo
de 2005. Esta aclaración introductoria viene a cuento, simplemente, para dejar
en claro que es solo un extracto parcial de una idea que comprende otros
aspectos relacionados a tal tema. Pero mas allá de esta llamada de atención estamos
ante una idea muy valorable y extraordinariamente expresada.
¿Qué siente
una niña de 12 años recién bautizada, al practicar el lavamiento de pies en
medio de adultos? Nunca voy a olvidar los dos sentimientos invariablemente me
marcaban cada vez que, mujeres por un lado y hombres por otro, nos reuníamos en
una rueda frente a las palanganas, jarras de agua y toallas. De rodillas, lo
primero que veía eran los pies. A veces pies muy blancos, deformes; otras, oscuros
y arrugados. Pies huesudos, o regordetes, o alargados… y a mis ojos, siempre
extraños: Feos. Luego intercambiábamos la posición y alguien vertía entonces el
agua sobre mis pies. Alguien que los lavaba y los secaba cuidadosamente,
mientras yo sentía vergüenza por lo que había estado pensando. Alguien que parecía
estar perdonándome y lavando mi apatía por sus pies. Creo que poco a poco aprendí
que esa costumbre, que de ninguna manera considero una práctica obligatoria
para la iglesia, me estaba enseñando uno de los significados más profundos de
lo que la iglesia debe ser.
Primera
realidad: la iglesia es fea
Como los
pies, la iglesia es una realidad heterogénea, sin atractivos. Es difícil de
sobrellevar. Como los pies, esta llena de arrugas, las más de las veces con rastros
de callos y deformidades. Pero es la comunidad donde recibimos y damos perdón,
porque aun después de “estar limpios” (Juan 13:10) seguimos necesitando el agua
fresca de la restauración.
Sí, la
iglesia es normalmente fea. Lo puedo decir, porque las metáforas bíblicas me
apoyan. Su fealdad es fruto de su imperfección:
La iglesia es
un edificio en construcción,[1]
con todo lo que eso significa. Un edifico en construcción puede todavía no
tener techo, o costados, o ventanas. Una casa a medio edificar no es linda. Lo será
cuando sea habitada y hermoseada por su dueño. Mientras tanto, poca belleza,
salvo para el arquitecto que la “ve” terminada.
La iglesia también
es un cuerpo,[2] pero carece de la
estatura correcta. Debe crecer hasta llegar a la medida de la estatura de
Cristo. Por el momento no es esbelta, no ha llegado “el estirón”.
La iglesia,
es una rama rugosa de la vid.[3]
Frágil, incapaz por si misma de dar fruto, y propensa para convertirse en
cenizas cuando pierde su savia. ¿Hay algo menos atractivo que una rama? Solo la
esperanza de ver brotes desmiente la fealdad de la rama misma.
Solo es
posible amar tanta carencia e imperfección de la iglesia cuando se ama a su
dueño, su diseñador, su Amante, aquel que la prepara para una plenitud futura
cuando sea habitada por él y puesta a los pies del Dios, quien todo lo llenara
de gloria y de belleza.
Eso nos
sostiene. Pero la realidad de la iglesia actual siempre será un ejercicio de
humildad.
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viernes, 23 de agosto de 2013
Más amplia, más espontánea, más profunda.
Hace unos días me topé, en una red social, con una pseudo
denuncia. Se trataba de esta ilustración que pretendía demostrar el estado
actual de la familia. Aludía –entiendo– a que la actual situación de desintegración
que padecen las familias es consecuencia (al menos en parte) de la condicion
que el dibujo señala: cada uno en su propio mundo, atendiendo a sus propios
intereses, ensimismados cada uno en sus asuntos privados sin conexión con los
restantes miembros de la familia. Conclusión: una familia alienada.
Ahora bien, para esa
situación, la misma publicación proponía la siguiente alternativa:
Nuevamente hago referencia a la interpretación personal y
digo que, la sensación que me deja una mirada rápida a esta nueva propuesta es
la de otra familia igualmente alienada. No digo que la oración sea una práctica
alienante. Pero, humildemente propongo otro tipo de alternativa a esos dos
modelos exhibidos.
Mi propuesta es la de una familia abarcativa, amplia. Donde
caben no solamente aquellos ligados por lazos de sangre, de leyes o de
conveniencia, sino los que el Espíritu Santo y el afecto son capaces de
incluir.
Una oración espontánea, que no esta limitada a posturas ni a
representaciones gestuales, simbólicas y predeterminadas. Una oración que se da
no solo en el monólogo o en la introspección, sino que se hace presente en la
charla, la cotidianeidad así como también
en la búsqueda interior.
Una adoración profunda, que no tenga que ver tanto con el ámbito
y la predisposición manipulable, que no este sujeta a sugestiones colectivas sino
ligada a una actitud interna, que no procura la exteriorización, solo la
alcanza.
Una vida de familia, de oración y adoración cuya demostración
no esta restringida al ámbito interno y espiritual, ni al gestual y ritual,
sino que, mas alla de su origen, se prodiga en gestos constantes que hablan de aquello de lo que el
corazón está lleno (Mateo 6.45).
Finalmente: esta es tan solo una propuesta más. Las hay
numerosas. Ya mismo se me están ocurriendo otras, algunas de las cuales
presentare aquí, nuevamente.
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