lunes, 13 de diciembre de 2010

Dios, recurrentemente.

Desde este rincón del mundo andamos sospechando que ...

sábado, 13 de noviembre de 2010

con permiso, don Julio

El genial JC. De esas poesías redonditas, que no necesitan ni la forma de la poesía, ni su temática, ni sus cánones. Se lee y oye la poesía, y pega fuerte y hondo, con humor y con horror. Como si el tipo conociera su materia ¿no?

INSTRUCCIONES PARA CANTAR

Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvidese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.

Julio Cortázar

sábado, 23 de octubre de 2010

La imaginación al INTENTAR


Hurgando, como no podía ser de otra manera, me encontré con un texto que me pareció muy piola para compartir aquí, y decidí rapiñarme el buen tino de gente que piensa la fe un poquito mejor.

ReImaginando la Vida

Después de un largo invierno, finalmente estoy aquí sentado en casa con una tarde totalmente libre (¡qué bendición!) después de varios sábados agitados con muchas cosas buenas, tener un sábado para quedarme
en casa, leer y después meditar bastante. Eso es algo de una importancia sin igual.
Resolví continuar la lectura del libro de Brian Walsh y Sylvia Keesmaart sobre Colosenses y me detuve sobre un término que ya vi mucho y creí una buena oportunidad para reflexionar mas sobre esto, nuestra imaginación, o sea, cuando pensamos la vida ¿qué elementos encontramos? Infelizmente, a medida que somos asediados en todo instante por propagandas en la TV, banners en los sites, 99% de los e-mails que te llegan (estoy comenz
ando a creer que el e-mail personal llegó a su fin), jingles en las radios, carteles en las rutas y hasta propaganda de las iglesias, pasamos a pensar que la vida es eso: lo que nos separa de la felicidad son 20 mil reales más de salario por mes.
Lo interesante es pensar que cuando Jesús llegó y comenzó a hablar a las personas a su alrededor, comenzó hablando del “Re
ino de los cielos”, o “El mundo como Dios lo pensó”, esto es, comenzó a trazar un ambiente en el que las reglas son diferentes que las reglas de este mundo tan competitivo y consumista en que vivimos. De esa forma, cuando oímos que Cristo es todo lo que precisamos, no parece ser algo tan desubicado. Y esa es nuestra misión, re-imaginar nuestra vida, re-imaginar nuestro mundo, limpiar nuestra imaginación de toda esa suciedad que nos asedia a cada momento que viene acompañado con una tremenda ansiedad por no tener lo que se vende y vivir la posibilidad de esa vida que Jesús nos convida
a vivir. ¿Cómo sería esa vida? ¿Cómo sería una vida en la que usted no precisara defender su reputación con las marcas que usa, con su agenda super completa, o con los cargos que usted tiene o sueña incrementar en su tarjeta de presentación? ¿Cómo sería una vida en la que usted pudiera asumir sus debilidades (en lugar de esconderlas) y dejar que otros lo ayuden con ellas? ¿Cómo sería una vida en la que usted pudiera esc
oger otras personas sin desconfianza y contar con ellas
para hacer aquello que Dios realmente sueña?

martes, 12 de octubre de 2010

Octubre


Hace unos días atrás, en una preciosa y primaveral tarde de Octubre, estaba trabajando en una tarea que realmente disfruto y hago bien. Mientras tomaba unos mates riquísimos, que también disfruto y hago bien. Escuchando y saboreando un poco de la música que me gusta. Me dejaba llevar y traer por ideas y emociones propias y ajenas que salían de los parlantes y de los rincones y de los muebles que lustraba. Y una corriente de viento fresco que aparejaba la tarde para que yo me la calzara.
Y sin darme cuenta, esa tarde, volví a creer. No me pregunten por qué, ni cómo, ni nada, no me preguntes nada. Esa tarde, otra vez, creí.

Creí que lo que uno hace en silencio y en milimétrica escala, tiene importancia y valor.
Creí que lo que hacemos con y por amor, realmente influye en la construcción de una realidad superadora.
Creí que la justicia y la paz se van a besar un día.
Creí que voy a ser capaz de escuchar, comprender y disentir, sin dejar de valorar y querer a mi disidente.
Creí que el conocimiento, la dedicación y la capacidad serán recompensados.
Creí que el temeroso y el pusilánime serán castigados con el olvido más feroz.
Creí que podemos crear comunidades que procuren
bendecir y ser buenas noticias a otros desde su vivencia cotidiana de servicio y no desde una retórica autoritaria.
Creí que soy capaz de soñar con mejores horizontes que mi propio bienestar.
Creí que puedo luchar por alcanzar sueños conjuntos al lado de otros, con la misma fuerza que pongo por mis propios intereses.
Creí que las dudas, cuestionamientos, y oposiciones tienen cabida en el progreso de la causa, y no sólo la obsecuencia y el seguimiento ciego.
Creí que la vida es misterio a transitar y no recetas a aplicar para sojuzgarla.
Creí que el miedo y el dolor no van a condicionar mi futuro.
Creí que mis hijos van a ser mejores que yo, y van a habitar y a crear un mundo mejor que el mío.

Y la tarde pasó.
Y la brisa vespertina se hizo noche.
Y la música, y el mate, y las manos en la madera se llamaron a silencio.
Pero me quedaron las ganas, al menos las ganas, de seguir creyendo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

por si te da por aflojar

Para nuestros queridos vecinos del hemisferio norte el mes de Septiembre suele ser tiempo de inicios, punto de arranques varios, puntapié inicial de cuestiones diversas. Para nosotros, la llegada de la primavera (que al día de hoy brilla por su ausencia) empuja un poquito para adelante. Pero esta época del año, más allá de sus promesas de futuros elixires, suele llegarnos con los pies cansados y los brazos caídos. ¡Y todavía falta tanto.....!
Por eso me gustó compartir este textito del capo de Gondim, que leí hace unos cuantos años, y que me sigue entibiando el ánimo. Se los comparto:
EL PREMIO DE LOS PERSEVERANTES
Ricardo Gondim Rodrigues

“Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias”. – Apocalipsis 3.21.

Mis brazos no soportaban más. Yo trataba de recuperar el aliento desesperadamente. El vaivén de la cabeza que se sumergía y emergía en busca de oxígeno se volvió frenético. Nadaba preparándome para una competencia próxima y precisaba intensificar mis entrenamientos. Pero, aquel día estaba exhausto. Después de casi media hora de suplicio decidí desistir. Me prometí a mí mismo que al tocar el borde de la piscina le pediría al técnico que me dejara ir. Decididamente no aguantaba más.
“Llegué al límite”, dije jadeando. “¡Voy a parar ahora!”
Sin demostrar pena por mi, él me respondió dándome la espalda: “¡Este es el momento en el que aflojan los mediocres!”

Me sentí una basura. Busqué fuerzas de donde no tenía más y volví a mi entrenamiento. Aprendí una lección que me serviría para el resto de la vida: El premio será dado a los que no desisten y permanecen en la lucha.


Hay muchos textos en la Biblia que nos exhortan a no desistir y que prometen un premio a los que, perseverando, atraviesan la línea de llegada de la vida. ¡Cuántos proyectos y sueños se acaban porque las personas no dieron el paso siguiente, desisten creyendo que llegaron al final de s
us fuerzas! Algunos abandonan su matrimonio imaginando que no poseen recursos para salvarlo, otros abandonan sus sueños profesionales, deportivos y, peor aún, mucha gente huye de Dios.
La gente vive como quien nada, pedalea o corre. Vivir es una travesía que, muchas veces, parece imposible. Las complicaciones del viaje, inesperadas. Hasta los laderos que nos acompañan no siempre son dignos de confianza. Pero Dios pide solamente que no desistamos en el caminar. Los incentivos que recibimos de él son que él viajará a nuestro lado;
no permitirá que las luchas sean mayores que nuestras fuerzas; y que recibiremos un galardón. La Biblia describe el desistir, volver atrás y no perseverar, como atributos de los cobardes y que ellos quedarán fuera del Reino.
Cuando creas que no tenés más fuerzas, da una brazada más, una nueva vuelta de pedal, otro pasito. ¡El Espíritu de Dios te ayudará a seguir adelante!


sábado, 21 de agosto de 2010

Pero crees en.....????????

Paulo Brabo me sorprende y me indigna, me hace reír y me preocupa, me emociona y hasta -por difícil que parezca- me hace pensar. Hace un tiempo que no tengo tiempo de pasar tantos ratos husmeando su site pero me acordé de esta impecable joyita suya y me dio ganas de colgarla para que la disfrutes también.
Una confesión necesaria

El otro día un cristiano, alterado por la precari
edad de mi profesión de fe, me llevó a un rincón y me pidió que admitiera de una vez por todas si creo en el cielo y el infierno, la resurrección y la naturaleza dual, en el cielo y en el lago fuego, en la divinidad de Cristo y el nacimiento virginal, en la Trinidad y la creación en siete días, en el regreso de Cristo en las nubes y el Armagedón, en el Anticristo y los cuatro jinetes, en los milagros de Jesús y las plagas de Egipto, en el juicio y la vida eterna.
La respuesta ya la tenía lista, y no se asombre de verme usándola nuevamente:
- Conozco gente mucho mejor que yo -dije- que cree en cosas mucho peores.



viernes, 16 de julio de 2010

de las marchas de los evangélicos

Hace un tiempo atrás el gobierno argentino entró en conflicto con un sector social al que, desde los medios de comunicación, se denominó “el campo” (generalización bastante desatinada –por cierto–). En esa ocasión, ante una subida descomunal del precio de la soja (principal producción de la agricultura argentina), el poder ejecutivo promovió algunas medidas tendientes a asir para el Estado una buena parte de esa “renta extraordinaria” (medida que en un país democrático no suena, en principio, desatinada). Las reacciones no se hicieron esperar y una importante movilización de varios meses de duración el sector movilizado hizo retroceder las pretensiones presidenciales.
En aquellos momentos me animé a opinar, ante amigos y conocidos, que resultaba inusitada la persistencia y vehemencia de los manifestantes, de los sectores (supuestamente) ruralistas. Y mi semblanteo me llevaba a inducir que la gran mayoría de esa gente iba a permanecer movilizada y se iba a esforzar por estos reclamos dado que eran personas que finalmente, tras laaaaargos años de actividad particular, por fin habían encontrado un motivo de lucha social. Una razón para sacar la nariz de su propio libreto y dedicarse a una causa en la que otros también participaban. Cientos de miles de argentinos descubriendo el poder y el valor de la propia movilización. Encontrando el gustito de poner el cuerpo, de ganar la calle, y sentirse parte de decisiones importantes, propulsores de cambios, motivo de decisiones de los gobernantes. Por fin salieron de su quietismo y descubrieron una nueva participación social. Por fin se sintieron sociedad y descubrieron que la política no tenía que ver sólo con escuchar a los oradores mediáticos y emitir un voto cada tanto. Experimentaron en su piel la sensación de enarbolarse tras una causa de muchos y defenderla con el CUERPO.
Me animo a sospechar que algo bastante parecido es lo que ocurrió durante estas últimas semanas con la ley de matrimonio igualitario (ley que posibilita el matrimonio entre personas del mismo sexo). En numerosas ciudades de Argentina miles de creyentes evangélicos (movilizados por la iglesia Católica) ganaron las calles para manifestar su disconformidad con la sanción que, finalmente, tuvo lugar el pasado jueves 15 de julio.
No cuestiono el derecho ni la ocasión de los evangélicos para movilizarse y descubrir su capacidad de ejercicio político y social público y masivo. Ha sido este un ejercicio de autoreconocimiento y de evaluación del poder de convocatoria, de influencia y de valor.
Pero en estas líneas pretendo (tal vez inocentemente) augurar una mayor participación evangélica en innumerables cuestiones que hacen a la vida pública de los argentinos y en las que, históricamente, la iglesia a la que pertenezco, ha permanecido ausente. Sin menospreciar la importancia que este tema puede tener para la vida de la sociedad argentina creo que hay temas mucho más relevantes, cuestiones mucho más medulares a nuestra fe, a las cuales dedicar el esfuerzo. No tengo memoria de la movilización de los evangélicos por temas como la pobreza, la proliferación de chicos de la calle, el aumento e institucionalización de la corrupción, la dilación y distorsión de la justicia, la explotación indiscriminada de los recursos naturales, los sistemas represivos sociales y policiales, la condición de los ancianos, y muchos... muchísimos más.
¿Habrá que esperar que la iglesia católica se vuelva a sentir afectada en sus intereses para que los evangélicos se movilicen interna y externamente? ¿Será necesario que el prelado de Argentina se enfrente al poder político gobernante para que los evangélicos vuelvan a descubrir la relación entre las leyes y su responsabilidad social y espiritual? ¿Será posible que esta circunstancia sirva para crecer, madurar, y asumir responsabilidades delegadas, olvidadas o ignoradas hasta el momento, para dedicarnos a cuestiones nacionales que nos reclaman y en las que los creyentes en el Dios de la Biblia deberían tener mucho más por decir y hacer?